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El SPAM de mi mamá

Una crónica que llegó a mi buzón

Por Redacción VSAntivirus

El correo electrónico parecía una buena idea en su momento.

Desde que me conozco, los miembros de mi gran familia, han querido estar en contacto conmigo, pase lo que pase. Han probado de todo, llamadas, cartas, mensajes a través de familiares. Pero es una propuesta perdedora. Cuando el día laborable termina, y los niños se van a la cama, yo estoy exhausto. Lo que realmente quiero es sentarme y respirar delante de mi televisor, no atarme a pensamientos profundos o dolorosos a través de una llamada telefónica o una carta.

En la oficina, sin embargo, donde tengo bastante café, puedo leer y enviar una docena de e-mails rápidos, mientras saboreo mi almuerzo. No solo el e-mail es más barato que las llamadas de larga distancia, sino que yo soy un escritor después de todo, y me siento más feliz expresándome con mis dedos en el teclado que poniendo palabras en mi boca.

Claramente, es la mejor manera de localizarme, y leo y respondo más de 300 mensajes electrónicos por día en mi trabajo. Agregar unos pocos más de mi familia, no sería tan duro, pensé. Así que yo expliqué pacientemente a ellos los misterios del correo electrónico, las direcciones, las arrobas, como leer, como responder, como conectarse a Internet. "Confíen en mi", les prometí. "Es fácil".

Pero eso fue demasiado cierto. El e-mail es demasiado fácil. Cuando ellos empezaron a usarlo, comenzaron reenviándome cada mensaje que ellos recibían, inundando mi cuenta.

Usted sabe de lo que estoy hablando, una catarata de chistes en cadena, con imágenes y cientos de direcciones a los que ya han sido remitidos, alertas falsas de virus como la que me piden que borre un archivo con un osito que me va a destruir hasta la silla en que estoy sentado, o aquella carta que debo reenviar a todos mis amigos porque eso le dará unos centavos más a la pobre madre que implora una ayuda para operar a su hijo... un hijo que a pesar de los años que llevo viendo el mensaje, siempre tiene 7 años.

Mi familia consiguió estar on-line, y yo no podría librarme de ellos. ¿Pero que puede hacer uno cuando su propia madre es el mayor generador de spam de la red?.

Ciertamente, ella no es la única que lo hace, pero si la más prolífica. Ella empezó tentativamente, enviándome un mensaje cada pocas semanas, la mayoría de ellos personales, realmente escritos por ella. Entonces, siguió remitiendo unas inspiradas poesías, un mensaje pequeño enterrado bajo una larga lista de direcciones, que cada vez sepultaban más al fondo su propio texto.

Mientras ello ocurría, mi hermana consiguió estar también en línea, remitiéndome muchas leyendas urbanas sobre como protegerme de agujas envenenadas o de arañas en el retrete.

Rápidamente las dos se convirtieron en una banda que me disparaba con sus ametralladoras de mensajes. Mi mamá me enviaba un aviso con los peligros de encender un celular cuando estoy cargando gasolina, o la advertencia del cierre de Hotmail, y matemáticamente, cinco minutos después, mi hermana me enviaría el mismo mensaje, eso, varias veces al día... (¡y ni siquiera uso Hotmail!).

Cuando el mensaje de los riñones robados, o el premio que Bill Gates me daría si reenviaba ese mensaje, llegó a mi buzón, y repetido, decidí hacer algo. ¡No solo tenía que luchar contra cientos de mensajes de desconocidos que me enviaba un virus como el Klez, sino que tenía que zigzaguear entre remitentes y largas listas de nombres, para ver si mi madre me decía algo importante, o era la basura (con perdón) de siempre!.

Una compañera había terminado esa tortura con algo más sencillo. Les dijo a su familia que debido a la epidemia de virus, la compañía no aceptaba más mensajes que no fueran de la empresa y por trabajo.

Con mi propia mamá, yo empecé diplomáticamente, avisándole de sitios donde se explicaban las leyendas urbanas, y los hoaxes. Tratando de enseñarle como quitar la lista de nombres de los mensajes, pero era como ver escaparse el agua entre los dedos...

Entonces, lo que ocurrió después, fue un simple momento de genialidad. O aquello de combatir el fuego con fuego. Este es el mensaje que le envié a mi mamá:

Estimada Mamá, aquí está tu lista de chequeo para enviarme correo:

1) ¿Escribió alguien más este mensaje?
2) ¿Estoy enviándolo a una lista larga de personas?
3) ¿Es un chiste, advertencia de cualquier clase que te llegó por correo, llamada de atención, poesía?

¡Si contestas SI a cualquiera de éstas preguntas, yo te pido que NO me lo envíes!

Al principio ella se sintió insultada. Y durante un tiempo no me envío absolutamente nada. Pero después de unas semanas, empezó a enviarme mensajes verdaderamente personales sobre sus vacaciones, sobre su nuevo nieto... Mensajes que enriquecieron aún más nuestra relación.

Entonces, un día un amigo me envió un chiste que me hizo disfrutar mucho... tanto, que no resistí enviárselo a mi madre...

(c) Video Soft
(c) VSAntivirus

 


 

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