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Biografía de El Greco

El Greco es el nombre con el cual se conoce popularmente a Doménikos Theotokópoulos. Aunque su obra no fue comprendida en su tiempo, luego fue considerado de importancia entre los artistas españoles. En la actualidad, de su abundante producción apenas se conocen unas 300 obras, las cuales abarcan una de las creaciones pictóricas más personales de la historia del arte.

La vida de un genio

El Greco es el nombre con el cual se conoce popularmente a Doménikos Theotokópoulos. El apodo se debe a que era originario de Candía (actual Heraclion), capital de la isla de Creta -Grecia-, donde nació en 1541. Respecto a los primeros años de su vida no se conocen demasiados datos, sólo que procedía de una próspera familia burguesa, y que recibió una amplia formación humanística. Fue uno de los artistas que mejor supo entender y desarrollar el Manierismo.

Doménikos trabajó en las dos vías que existían en la pintura de Creta de la segunda mitad del siglo XVI: la tradicional  -"alla greca" siguiendo los modelos bizantinos- y la moderna -"alla latina" según los modelos llegados del Renacimiento italiano-. Trabajando en ambas, pronto alcanzó una importante posición entre los pintores cretenses, por lo que hacia 1563 se lo llamó maestro.

Cuando decidió irse de su ciudad natal, ya era un prometedor pintor. En 1566 se trasladó a Venecia, ciudad en la vivía su hermano Manusso y que había visitado unos años antes (hacia 1560). En esta ciudad, El Greco asimiló la pintura renacentista. Algunos datos imprecisos parecen sugerir su ingreso en el taller de Tiziano, pero independientemente de este hecho, es cierto que la pintura del gran artista veneciano -junto con la de Tintoretto, de quien tomó la iluminación artificial para sus cuadros, y Jacopo Bassano-, ejerció una influencia determinante en el desarrollo de su técnica y su estética. 

En 1570 Doménikos se fue a Roma, donde vivió siete años. Allí pudo admirar las obras de Miguel ángel, Rafael y Correggio. Asimismo en esa ciudad abrió su propio taller y enseguida logró una sólida reputación como retratista, lo que le permitió frecuentar los ambientes más relevantes de la sociedad e intelectualidad italiana y española.

También en la ciudad romana se contactó con el miniaturista Giulio Clovio, con quien inició una estrecha amistad que le permitió ingresar en el palacio de uno de los mecenas más importantes de su tiempo: el Cardenal Alejandro Farnesio. En 1572 fue admitido en la Academia de San Lucas, dentro de la modesta categoría de miniaturista.

Fue en 1576 cuando Doménikos decidió marcharse a España, con la esperanza de ser contratado para la decoración del Monasterio de El Escorial. Ya en Madrid conoció a Jerónima de las Cuevas, con quien tuvo a su único hijo Jorge Manuel en 1578.

Tal como lo esperaba El Greco, recibió un importante encargo, el monarca español le encomendó un cuadro que conmemorase la batalla de Lepanto, y el artista pintó "El sueño de Felipe II" (1577-1579) que no fue del agrado del rey. Luego le pidió que realizara "El martirio de San Mauricio", que tampoco le gustó al rey, pues le pareció poco acorde con las ideas de la Contrarreforma. Fue así como Doménikos se instaló de forma definitiva en Toledo (la ciudad donde sí pudo triunfar).

Allí contó con la protección de varios personajes cultos e influyentes que le encargaban sus obras más espectaculares, estableciendo con la mayoría de ellos una amistad. El Greco estableció su hogar en la Ciudad Imperial, donde formó su taller, dedicándose a la elaboración de cuadros, diseño de retablos y escultura.

Paulatinamente se fue afianzando entre la clientela de Toledo, de la que recibió sus mejores encargos: entre 1586-1588 hizo el famoso "El entierro del señor de Orgaz", diversos retablos para instituciones religiosas tanto de Toledo como de Madrid -el encargo del Colegio de doña María de Aragón que actualmente ocupa el edificio del Senado español- o pueblos limítrofes como Illescas o Talavera la Vieja.

Sus figuras se hacían cada vez más estilizadas, en un estilo muy personal con figuras desproporcionadas, colores violentos y vibrantes, y fuertes dibujos. Algunos especialistas han llegado a especular sobre una posible enfermedad visual como causante de esas deformaciones, pero recientes estudios demostraron que El Greco empleaba ese estilo porque era de su agrado y también el de su clientela.

Hasta su muerte el pintor creó tanto retratos como composiciones religiosas y profanas, y varios paisajes. Se destacan, entre otros, los retratos de "Fray Hortensio Félix Paravicino" (1609) y "El licenciado Jerónimo de Cevallos" (1604-1614), los cuadros para la capilla de San José de Toledo (1599) y la decoración del retablo mayor del Hospital de la Caridad de Illescas (1605), la "Vista de Toledo" (h. 1600), inigualada en cuanto a composición y colorido hasta el expresionismo del siglo XX.

En resumen, se pueden considerar en su obra tres etapas: bizantina, italiana y española, que corresponde a su estancia en Creta, Italia y España. Se lo considera precursor del arte moderno, por la sobriedad del colorido, la austeridad en los efectos y la estilización de las formas y las figuras.

A pesar del mucho trabajo que tenía se cree que en los últimos años El Greco pasó penurias económicas. Murió el 7 de abril de 1614, en Toledo, cuando tenía 73 años; posiblemente después de una larga enfermedad. Aunque su obra no fue en absoluto bien comprendida en su tiempo, luego fue considerado de importancia entre los artistas españoles. Llegó a crear cierta escuela a partir de su taller toledano y a dejar rastros entre algunos de los grandes maestros del siglo XVII, como Velázquez.

Luego de su muerte, muchos de sus cuadros desaparecieron o directamente fueron olvidados, pero casi tres siglos después de su tiempo, hubo un interés por reivindicar formas artísticas desvinculadas del academicismo y de los criterios estéticos tradicionales, por lo que llevó a críticos, artistas y coleccionistas a descubrir y reinterpretar la gran obra del El Greco. En la actualidad, de su abundante producción apenas se conocen unas 300 obras, las cuales abarcan una de las creaciones pictóricas más personales de la historia del arte.

 



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