Cerca de 80,000 personas reciben el diagnóstico de
insuficiencia renal cada año en los Estados Unidos. Se
trata de una afección grave en la cual los riñones dejan
de eliminar los desechos del organismo. La insuficiencia
renal es la etapa final del deterioro lento de los
riñones, que es un proceso conocido como nefropatía.
Piechart para primario diagnostica para el Fracaso de
Riñon en 1998
La diabetes es la causa más frecuente de insuficiencia
renal, y constituye más del 40 por ciento de los casos
nuevos. Incluso cuando los medicamentos y la dieta
pueden controlar la diabetes, la enfermedad puede
conducir a nefropatía e insuficiencia renal. La mayoría
de los diabéticos no desarrollan una nefropatía lo
suficientemente grave como para causar insuficiencia
renal. Hay cerca de 16 millones de diabéticos en los
Estados Unidos y de ellos, unos 100,000 padecen
insuficiencia renal como consecuencia de la diabetes.
Las
personas con insuficiencia renal tienen que someterse a
diálisis, la cual reemplaza algunas de las funciones de
filtración de los riñones, o a un trasplante para
recibir el riñón de un donante sano. La mayoría de los
ciudadanos estadounidenses que presentan insuficiencia
renal pueden recibir atención médica financiada por el
gobierno federal. En 1997 el gobierno federal gastó
cerca de $11,800 millones en la atención de pacientes
con insuficiencia renal.
Los estadounidenses de raza negra, los indios
estadounidenses y los descendientes de hispanoamericanos
sufren diabetes, nefropatía e insuficiencia renal en una
proporción superior al promedio. Los científicos no han
podido explicar este fenómeno ni pueden explicar
totalmente la interacción de factores que conduce a la
nefropatía diabética. Entre estos factores están la
herencia, la dieta, y otras afecciones, como la
hipertensión arterial. Se ha observado que la
hipertensión arterial y las altas concentraciones de
glucosa en la sangre aumentan el riesgo de que una
persona diabética termine sufriendo insuficiencia renal.
Dos tipos de diabetes
Hay dos tipos de diabetes mellitus. En ambos casos, el
organismo no procesa ni utiliza adecuadamente ciertos
alimentos. El cuerpo humano transforma generalmente los
hidratos de carbono en glucosa, que es el azúcar más
sencillo que sirve de fuente de energía para las
células. Para entrar a las células, la glucosa necesita
la ayuda de la insulina, una hormona producida por el
páncreas. Cuando una persona no produce suficiente
insulina o su organismo no responde a la insulina
presente, la glucosa no se puede procesar y se acumula
en el torrente sanguíneo. Las concentraciones altas de
glucosa en la sangre o la orina conducen al diagnóstico
de la diabetes. Ambos tipos de diabetes pueden provocar
enfermedad renal.
Diabetes tipo 1
Sólo cerca de 1 en 20 personas diabéticas tiene diabetes
tipo 1, la cual se presenta más frecuentemente en
jóvenes y niños. Este tipo de diabetes se conocía como
diabetes mellitus insulinodependiente o diabetes
juvenil. En ella, el cuerpo produce poco o nada de
insulina. Las personas que la padecen deben recibir
inyecciones diarias de insulina. La diabetes tipo 1
tiene mayor probabilidad de conducir a insuficiencia
renal. Cerca del 40 por ciento de las personas con
diabetes tipo 1 presentan nefropatía severa e
insuficiencia renal antes de los 50 años. Algunas
presentan insuficiencia renal antes de los 30.
Diabetes tipo 2
Alrededor del 95 por ciento de los diabéticos tienen
diabetes tipo 2, conocida antes como diabetes mellitus
no insulinodependiente o diabetes de comienzo en la edad
adulta. Muchas personas con diabetes tipo 2 no responden
normalmente a su propia insulina o a la que se les
inyecta. Esto se conoce como resistencia a la insulina.
La diabetes tipo 2 se presenta más frecuentemente en
personas mayores de 40 años. Muchos que la sufren son
obesos. Muchos no saben que tienen diabetes. Algunas
personas con diabetes tipo 2 controlan sus
concentraciones sanguíneas de azúcar planeando las
comidas y haciendo ejercicio. Otras deben tomar tabletas
que estimulan la producción de insulina, disminuyen la
resistencia a la misma, disminuyen la salida de glucosa
del hígado o reducen la velocidad de absorción de los
hidratos de carbono en el tracto gastrointestinal. Otras
personas requieren además inyecciones de insulina. Entre
1993 y 1997, más de 100,000 personas en los Estados
Unidos recibieron tratamiento para la insuficiencia
renal causada por diabetes tipo 2.
Evolución de la enfermedad renal
El
deterioro que caracteriza la enfermedad renal en los
pacientes diabéticos tiene lugar en los glomérulos y
alrededor de los mismos. Los glomérulos son las unidades
filtradoras de sangre de los riñones. Al comienzo de la
enfermedad, la eficiencia de la filtración disminuye y
se pierden proteínas importantes de la sangre por la
orina. Los profesionales médicos juzgan la presencia y
extensión de la enfermedad renal incipiente midiendo el
contenido de proteínas de la orina. Más adelante, en el
curso de la enfermedad, los riñones pierden la capacidad
de retirar de la sangre los productos de desecho, como
la creatinina y la urea. Mediante la determinación de
estos productos en la sangre se sabe qué tanto ha
avanzado la enfermedad renal.
Los síntomas relacionados con la insuficiencia renal por
lo general sólo ocurren en las últimas etapas de la
enfermedad, cuando la función renal ha disminuido a
menos del 10 al 25 por ciento de la capacidad normal.
Durante muchos años antes de que se llegue a ese punto,
la enfermedad renal en la diabetes es un proceso
silencioso.
Los cinco estadios de la enfermedad
Los científicos han descrito cinco estadios de la
evolución de la insuficiencia renal en personas
diabéticas.
Estadio I. Aumenta el flujo de sangre a través de los
riñones, y por lo tanto, de los glomérulos. Esto se
llama hiperfiltración. Los riñones son más grandes de lo
normal. Algunas personas se quedan indefinidamente en el
estadio I; otras pasan al estadio II después de muchos
años.
Estadio II. La tasa de filtración permanece elevada o a
niveles casi normales y los glomérulos comienzan a
mostrar daños. Aparecen en la orina pequeñas cantidades
de una proteína sanguínea llamada albúmina. Esto se
conoce como microalbuminuria. En estos estadios
incipientes es posible que no se detecte la
microalbuminuria en cada examen. Sin embargo, a medida
que aumenta la tasa de pérdida de albúmina de 20 a 200
microgramos por minuto, el hallazgo de microalbuminuria
se hace más constante. (Las pérdidas normales de
albúmina son de menos de 5 microgramos por minuto.)
Para detectar la microalbuminuria se requiere una prueba
especial. Las personas que tienen diabetes tipo 1 y 2
pueden permanecer en el estadio II durante muchos años,
especialmente si se controlan bien la tensión arterial y
las concentraciones de glucosa en la sangre.
Estadio III. La pérdida de albúmina y de otras proteínas
en la orina pasa de 200 microgramos por minuto y puede
detectarse en los análisis corrientes de orina. Estos
análisis se realizan generalmente sumergiendo tiras
indicadoras en la orina. Al estadio III se le llama a
veces "albuminuria clínica" o "nefropatía diabética
franca". Algunos pacientes presentan hipertensión
arterial. Los glomérulos sufren daños mayores. Los
riñones pierden paulatinamente la capacidad de filtrar
los desechos y aumentan las concentraciones sanguíneas
de creatinina y nitrógeno ureico. Las personas que
tienen diabetes tipo 1 y 2 pueden permanecer en el
estadio III durante muchos años.
Estadio IV. Se conoce como "nefropatía clínica
avanzada". La tasa de filtración glomerular disminuye a
menos de 75 mililitros por minuto, se excretan grandes
cantidades de proteínas en la orina y casi siempre se
presenta hipertensión arterial. Las concentraciones de
creatinina y de nitrógeno ureico en la sangre se elevan
aún más.
Estadio V. El estadio final es la insuficiencia renal.
La tasa de filtración glomerular desciende a menos de 10
mililitros por minuto y se manifiestan los síntomas de
insuficiencia renal.
Estos estadios describen la evolución de la enfermedad
renal en la mayoría de las personas con diabetes tipo 1
que presentan insuficiencia renal. En la diabetes tipo
1, el tiempo promedio entre el comienzo de la enfermedad
renal y el estadio IV es de 17 años. El tiempo promedio
para avanzar hasta la insuficiencia renal es de 23 años.
Este avance puede ocurrir con más rapidez (de 5 a 10
años) en personas con hipertensión arterial para la que
no se reciba tratamiento. Si no se presenta proteinuria
en 25 años, el riesgo de desarrollar una enfermedad
renal avanzada comienza a disminuir. La diabetes tipo 1
representa sólo del 5 al 10 por ciento de todos los
casos diagnosticados de diabetes, pero es responsable
del 30 por ciento de los casos de insuficiencia renal
causada por enfermedad.
Efectos de la hipertensión arterial
La hipertensión arterial, o tensión alta, es un factor
importante en la aparición de problemas renales en
personas diabéticas. Tanto los antecedentes familiares
de hipertensión como su presencia misma parecen aumentar
las probabilidades de que el paciente presente una
enfermedad renal. La hipertensión también acelera la
evolución de la enfermedad renal cuando esta ya está
presente.
En
el pasado, la hipertensión se definía como la tensión
arterial superior a 140 milímetros de mercurio
(sistólica) y 90 milímetros de mercurio (diastólica).
Los profesionales de la salud abrevian este límite como
140/90, que se lee "140 sobre 90". Los términos
"sistólica" y "diastólica" se refieren a la presión en
las arterias durante la contracción del corazón
(sístole), y entre una contracción y la siguiente
(diástole).
En 1997, el Instituto Nacional del Estudio del Corazón,
los Pulmones y la Sangre (National Heart, Lung, and
Blood Institute) emitió nuevas metas de tensión arterial
específicamente para diabéticos y para personas con
insuficiencia renal en el Sexto Informe del Comité
Nacional Conjunto para la Prevención, Detección,
Evaluación y Tratamiento de la Hipertensión Arterial
(Sixth Report of the Joint National Committee on
Prevention, Detection, Evaluation, and Treatment of High
Blood Pressure, JNC VI). En este informe, el comité
recomienda que las personas diabéticas mantengan su
tensión arterial en menos de 130/85 y que las que sufren
insuficiencia renal (proteinuria mayor de 1 gramos en 24
horas) la mantengan en menos de 125/75.
La hipertensión se puede considerar no sólo como una
causa de la enfermedad renal sino como resultado del
daño ocasionado por la misma. A medida que la enfermedad
renal avanza, los cambios físicos de los riñones
provocan un aumento de la tensión arterial. De esta
manera se crea una espiral peligrosa, en la que se
combinan la hipertensión y los factores que la producen.
La detección y el tratamiento precoces de la
hipertensión, incluso de los casos leves, son de suma
importancia para las personas diabéticas.
Prevención y retraso de la evolución de la enfermedad
renal
Medicamentos para la tensión arterial
Los científicos han logrado enormes avances en la
creación de métodos que retarden la aparición y la
evolución de la enfermedad renal en personas diabéticas.
Los medicamentos que bajan la tensión
(antihipertensivos) pueden retrasar en forma
significativa la evolución de la enfermedad renal. Una
clase de medicamentos, los inhibidores de la enzima de
conversión de la angiotensina (IECA), han demostrado su
eficacia para prevenir la evolución a los estadios IV y
V.1 Los diuréticos, los betabloqueantes, los moduladores
del sistema nervioso adrenérgico y los bloqueantes de
los canales de calcio también pueden contribuir al
control de la tensión arterial en pacientes con diabetes
mellitus.
Un ejemplo de un IECA eficaz es el captopril, formulado
generalmente por los médicos para el tratamiento de la
enfermedad renal en pacientes diabéticos. Los beneficios
del captopril van más allá de su capacidad de bajar la
tensión arterial: puede proteger directamente los
glomérulos. Los IECA han disminuido la proteinuria y
retardado el deterioro incluso en pacientes diabéticos
que no tenían hipertensión.
Cualquier medicamento que les ayude a los pacientes a
lograr el objetivo de tener una tensión inferior a
125/75 es benéfico. Los pacientes que tengan una
hipertensión leve o una microalbuminuria persistente
deberían consultar al médico acerca del uso de
antihipertensivos.
Dietas bajas en proteínas
Una dieta que contenga cantidades reducidas de proteínas
puede beneficiar a las personas con enfermedad renal
relacionada con la diabetes. En los diabéticos, el
consumo excesivo de proteínas puede ser nocivo. Los
expertos recomiendan que la mayoría de los pacientes con
nefropatía en estadio III o IV consuman cantidades
limitadas de proteínas
Control intensivo de la glucosa sanguínea
Los medicamentos antihipertensivos y las dietas bajas en
proteínas pueden retrasar la enfermedad renal cuando ya
existe una nefropatía significativa, como en los
estadios III y IV. Un tercer tratamiento, conocido como
control intensivo de la glucosa sanguínea o control de
la glucemia, ha demostrado ser prometedor en personas
con diabetes tipo 1 y tipo 2, especialmente aquellas en
los estadios incipientes de la nefropatía.
El control intensivo es un tratamiento que tiene por
objeto mantener las concentraciones sanguíneas de
glucosa cercanas al nivel normal. El tratamiento
consiste en determinar frecuentemente la concentración
de glucosa en la sangre, administrar insulina
frecuentemente a lo largo del día dependiendo del
consumo de alimentos y del ejercicio, ceñirse a una
dieta y a un plan de ejercicios, y consultar
frecuentemente a un equipo de profesionales de la salud.
Algunas personas utilizan una bomba de insulina para
aplicarse el medicamento a lo largo del día.
Varios estudios han recalcado los efectos benéficos del
tratamiento intensivo. Dos de ellos, financiados por el
Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades
Digestivas y de los Riñones (National Institute of
Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, NIDDK), que
forma parte de los Institutos Nacionales de Salud
(National Institutes of Health), son el Estudio del
Control y las Complicaciones de la Diabetes (Diabetes
Control and Complications Trial, DCCT)2 y un estudio
conducido por investigadores de la Escuela de Medicina
de la Universidad de Minnesota.3 Un tercer estudio,
realizado en el Reino Unido, es el Estudio Prospectivo
de la Diabetes en el Reino Unido (U.K. Prospective
Diabetes Study, UKPDS).4
En el DCCT, que se llevó a cabo de 1983 a 1993,
participaron 1,441 personas con diabetes tipo 1. Los
investigadores encontraron una disminución del 50 por
ciento tanto en la aparición como en la evolución de la
enfermedad renal (estadios I y II) en los participantes
que se sometieron a un tratamiento intensivo para
controlar las concentraciones sanguíneas de glucosa.
Estos pacientes tuvieron una concentración promedio de
glucosa sanguínea de 150 miligramos por decilitro, casi
80 miligramos por decilitro menos de las concentraciones
observadas en los pacientes que recibieron tratamientos
tradicionales.
En el estudio de la Escuela de Medicina de Minnesota,
los investigadores examinaron el tejido renal de
personas que habían tenido diabetes por mucho tiempo y
que habían recibido trasplante renal. Después de 5 años,
los pacientes que recibieron el tratamiento intensivo
presentaron un número significativamente menor de
lesiones glomerulares que los que no lo recibieron. Este
resultado, combinado con los hallazgos del DCCT y de
estudios llevados a cabo en Escandinavia, sugiere que
cualquier programa que consiga una disminución sostenida
de las concentraciones de glucosa en la sangre será
benéfico para los pacientes en los estadios incipientes
de la nefropatía diabética.
El UKPDS, un estudio de 20 años de duración llevado a
cabo en Inglaterra, Irlanda y Escocia, estudió los
efectos del control intensivo de la glucosa sanguínea y
de la tensión arterial en personas con diabetes tipo 2,
y encontró beneficios similares en este grupo.
Diálisis y trasplante
Cuando las personas diabéticas sufren insuficiencia
renal deben someterse a diálisis o a un trasplante de
riñón. Hasta la década de 1970, los expertos médicos
generalmente excluían a los diabéticos de la diálisis y
los trasplantes, en parte porque pensaban que los daños
provocados por la diabetes contrarrestarían los
beneficios de los tratamientos. Hoy en día, gracias al
mejor control de la diabetes y al incremento de las
tasas de supervivencia después del tratamiento, los
médicos no dudan en ofrecer diálisis y trasplante renal
a los pacientes diabéticos.
En la actualidad, la supervivencia de los riñones
trasplantados a pacientes diabéticos es aproximadamente
la misma de los trasplantes en personas no diabéticas.
La diálisis en diabéticos también funciona bien a corto
plazo. A pesar de esto, las personas diabéticas que
reciben trasplantes o diálisis experimentan mayor
morbilidad y mortalidad debido a las complicaciones
coexistentes de la diabetes, como las lesiones del
corazón, los ojos y los nervios.
"Cuidarse bien es la clave"
Si usted tiene diabetes:
* Pídale al médico que le haga un examen de hemoglobina
A1C por lo menos dos veces al año. Esta prueba
suministra un promedio ponderado de la concentración
sanguínea de glucosa en los tres meses anteriores.
Procure mantenerla en menos del 7 por ciento.
* Siga las instrucciones del médico en cuanto a
inyecciones de insulina, medicamentos, planeamiento de
comidas, ejercicio y control de la concentración
sanguínea de glucosa.
* Haga que le tomen la tensión arterial varias veces al
año. Si tiene la tensión alta, siga las instrucciones
del médico para mantenerla cerca de los niveles
normales. Procure mantenerla en menos de 130/85. Si
tiene proteinuria, procure mantenerla en menos de
125/75.
* Pregúntele al médico si le convendría tomar un IECA.
* Pida que le hagan un análisis de orina cada año para
ver si hay microalbuminuria y proteínas en ella. Si
tiene proteínas en la orina, pida que le hagan un examen
de sangre para ver si los productos de desecho, como la
creatinina, están aumentados.
* Pregúntele al médico si debe disminuir la cantidad de
proteínas en la dieta. Pídale que lo remita a un
nutricionista para que le ayude a planear sus comidas.
La investigación da esperanzas
La frecuencia de la diabetes y de la insuficiencia renal
causada por la misma ha ido aumentando. Algunos expertos
predicen que la diabetes puede llegar a ser responsable
pronto de la mitad de los casos de insuficiencia renal.
En vista de la morbilidad y mortalidad crecientes
relacionadas con la diabetes y con la insuficiencia
renal, los pacientes, los investigadores y los
profesionales de la salud seguirán beneficiándose de
tener en cuenta la relación que existe entre las dos
enfermedades. El NIDDK es una institución líder en el
apoyo de la investigación en este campo.
Varias de las áreas de investigación que cuentan con el
apoyo del NIDDK tienen un enorme potencial. El
descubrimiento de maneras de predecir quién presentará
enfermedad renal puede conducir a una mayor prevención,
si los diabéticos que corren este riesgo ponen en marcha
estrategias como el control intensivo y el control de la
tensión arterial. El descubrimiento de mejores
medicamentos para prevenir el rechazo mejorará los
resultados del trasplante de riñón en pacientes
diabéticos que presenten insuficiencia renal. Para
algunas personas con diabetes tipo 1, los avances en
trasplantes, especialmente el trasplante de células
pancreáticas productoras de insulina, podría conducir a
una curación tanto de la diabetes como de la enfermedad
renal relacionada con la misma.