"La Vida Sana es Aburrida"

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«La vida sana es muy aburrida»

Estopa glosan las virtudes de fumar, tomar café, beber cañas y comer hamburguesas mientras hablan de su nuevo disco

( ÁNGEL VARELA )
Estopa son de barrio. Y muy orgullosos de ello, además. De hecho, el dúo de los hermanos David y José Muñoz son los músicos que más han alabado el extrarradio español durante los últimos tiempos. Nacidos en Cornellá en una familia trabajadora que había emigrado desde Extremadura, David y José se criaron alrededor del bar familiar escuchando de forma intensiva al grupo preferido de su padre: Los Chichos. Una influencia que todavía se les nota en la forma de componer y a la que dedicaron uno de sus temas más famosos: El del medio de Los Chichos. Sin embargo, antes de triunfar en 1999 con su disco de debú (más de un millón de discos vendidos), José y David trabajaron en una cadena de montaje de la Seat, y, además de un sueldo, de ahí extrajeron el nombre del grupo, a partir de la frase que más repetía su encargado en la fábrica: «¡Dale estopa!». Ahora, cinco años y dos discos después, el dúo edita su tercer trabajo (¿La calle es tuya?) con el listón comercial muy alto, ya que sus anteriores álbumes superaron el millón de copias despachadas, y con un reto artístico, conseguir melodías tan pegadizas como La raja de tu falda. Nos han explicado cómo lo logran.

—Me imagino que están que no pueden más con la promoción del nuevo disco.


—Lo bueno que tiene esta entrevista es que es la última de hoy (risas).

—¿Cuántas entrevistas han hecho hoy?


—Quince.

—Bueno, intentaremos que sea lo más leve posible. Pero también hay que decir que durante el 2003 se habían tomado un año sabático. Ahora habrá que volver a trabajar un poquito, ¿no? ¿O no ha sido un año sabático?


—Fue un año para vivir a nuestra manera.

—O sea, que cumplieron su objetivo de descansar.

—Lo que pasa es que hay que valorar también que nunca en nuestra vida habíamos tenido un año sabático, y que es difícil conseguirlo. La verdad es que se pasa en un plis plas.

—Y después del trajín que Estopa ha tenido en los dos años anteriores, con cientos de conciertos al año, ¿no se aburre uno de tan poca actividad?

—No nos aburrimos porque lo que queríamos era parar. Hemos estado muy tranquilos y hemos hecho lo que nos ha dado la gana. Nos levantábamos e íbamos a jugar al baloncesto, luego íbamos a componer, después a grabar, luego estábamos cada uno en su casa, después al cine o a estar con los amigos o con la familia...

—Pero el nuevo disco, ¿cómo lo han hecho? ¿en esos momentos del día a día que me dicen que componían?


—Sí, sí, claro en el día a día.

—Y cada canción que componían la llevaban al estudio.


—Sí, sí, un estudio que nos hemos hecho en casa. Un estudio con su programa Protools de puta madre, con esa puerta de submarino que tienen los estudios, de las gordas.

—Pero ¿en dónde viven?


—El estudio está en la casa de mis padres en Sant Feliu de Llobregat.

—O sea, que viven en familia y con el estudio en casa.

—No, no, yo vivo con mi mujer y él con la suya.

—Entonces en cualquier momento que les venía la musa, se podían meter directamente en el estudio para grabarla.


—Hombre, la musa a veces venía y a veces no (risas).

—No venía todos los días.


—No, más bien se trataba de estar ahí al loro. La verdad es que los primeros meses nos dedicábamos a jugar con los aparatos y luego empezamos a grabar cositas.

—Claro, lo primero es aprender a manejar los aparatos porque la mesa de grabación tiene muchos botones.


—Además está todo en inglés. Pero vino un técnico a enseñarnos un poco de informática, y con lo poquito que aprendimos luego él ya no venía, y si teníamos algún problema lo llamábamos por teléfono.

—Les diría apagar y encender, probablemente.

—Sí, abrir y cerrar. Después descubrimos que con esos aparatos teníamos bajos, baterías, guitarras... ficticias todas, pero que funcionaban.

—Vamos, que podían acompañarse de una banda en su propia casa.


—Pues sí, porque nosotros dos tocábamos la guitarra eléctrica y el cajón, y luego le poníamos un bajo y una batería. Luego ya pasamos al proceso de grabación definitivo, en donde, por ejemplo, sustituyes el bajo irreal por uno real.

—Además en este disco han sido los productores. Vamos, que han tomado el mando total de sus grabaciones por primera vez.

—Sí, es que hemos tenido mucho tiempo para pensar y cuanto más se piensa en algo mejor te sale.

—Han elegido doce canciones para su nuevo disco, pero ¿de qué número de temas nuevos partieron inicialmente antes de hacer una selección definitiva?

—Nuevas teníamos entre treinta y cuarenta. Si les sumas otras antiguas que no hemos editado teníamos más, pero para nosotros las canciones antiguas no son más que temas que haces para componer en libertad sin que sea necesario luego grabarlas.

—Me imagino que el año sabático también les habrá servido para vivir experiencias que luego introducen en las canciones.


—No, no, creo que es más bien al contrario. Necesitamos componer para vivir, pero no necesitábamos volver al barrio para hacer canciones del barrio. Nosotros necesitábamos volver al barrio... pues para estar allí. Para ver a los colegas... y porque estás a gusto, porque es nuestro microclima y donde nos sentimos más cómodos.

—¿Pero en el barrio les vienen mejor las ideas o también se les ocurren temas cuando están de gira en México, por ejemplo?


—Hombre claro, se trata de estar siempre al loro, porque las canciones son siempre el resultado de una observación.

—El disco tiene muchos contrastes, porque tiene tanto cosas muy flamencas como temas que se acercan al rock duro.


—Sí, sí, estamos de acuerdo.

—Ya, pero ¿por qué hay tantos contrastes respecto a sus dos discos anteriores?

—Pues porque hemos tomado el mando nosotros (risas). Generalmente el sonido lo provoca la letra. No sé por qué, pero hay letras que nos sugieren guitarras eléctricas, otras letras nos dicen que esto es un bolero...

—¿Cómo componen una canción? Hacen primero la letra, primero la música, todo a un tiempo...

—A guitarra y voz.

—O sea que están tocando la guitarra y le van metiendo versos que encajen.

—Estamos tocando y vamos haciendo (se pone a tararear) la—la—la—po—pi—po—pa... tengo un primo en Segovia...

—¿Nunca componen a partir de una temática concreta?


—No, se compone a partir del primer verso. Si engancha el primer verso, la canción engancha, de lo contrario no engancha. Por ejemplo, «el del medio de Los Chichos». Es un buen tema porque con esa frase ya haces el estribillo (se pone a cantar el tema), y así haces con todas las canciones.

—Lo que sí han encontrado en este disco es un buen título: «¿La calle es tuya?».

—¿Ves? Lo que te decía antes.

—¿Por qué le han puesto ese título al disco?


—Porque quiero que la gente se coma la olla (risas). La verdad es que salió de una chorrada. En el segundo disco, mientras grabábamos un vídeo en la calle, el cámara fue a colocarse donde estaban unos chavales, y entonces les dijo «¿os podeis apartar que salís en plano?». Y el chaval, que se estaba comiendo sus pipas tan a gusto, le respondió: «¿La calle es tuya?».

—¿Y van a dar tantos conciertos como hace un par de años, en donde pasaron de los cien en un año?


—Pues sí, vamos a hacer una gira en toda regla.

—¿No les llegó a pesar la fama en exceso? Porque hubo momentos hace cuatro años en que estaban en boca de todo el mundo.


—No, no. Es que si tú quieres dar una imagen de persona inaccesible, puedes refugiarte en tu casa o en fiestas privadas y estar siempre en un hábitat muy cerrado. Pero, a nosotros, por suerte o por desgracia, no nos gustan las fiestas privadas.

—Pero cuando llega el quinto desconocido en media hora que les da una palmada en la espalda y les dice que le gustó mucho la del «medio de Los Chichos», ¿no acaban hartos?

—Mira, creo que nosotros hemos dado una imagen de normalidad y la gente lo ha entendido. De hecho, las personas que les gusta nuestro disco, no me gusta llamarles fans, nos conocen perfectamente.

—Lo que sí que dan es una imagen de conciencia de clase.

—Pues sí, se nos nota mucho en las canciones. Conciencia de clase y conciencia extrarradial.

—Del extrarradio, vamos.

—Sí, es que uno sabe de dónde viene, pero no sabe a dónde va.

—Que es lo mejor.


—Por lo menos ya sabemos la respuesta a una pregunta.

—A principios de su carrera no querían aparecer en programas de televisión que no tratasen de música. ¿Siguen con la misma actitud?


—Sí, sí, pensamos lo mismo. No nos gusta ni hablar del tema, porque basta y sobra que lo digamos para que nos saquen. Hay que escurrir el bulto.

—¿Es tan complicado mantenerse al margen del famoseo gratuito?

—No, simplemente hay que hablar sólo de música y que las canciones hablen ellas solas.

—O sea, que los famosos que se quejan de que no les dejan en paz podrían pasar inadvertidos.


—Hombre, siempre te miran más de lo normal, pero tú no puedes estar en la calle y agobiarte porque te miren. Tienes que hacer lo mismo que hacías antes. También hay que tener en cuenta que si tratas a la gente con normalidad, la gente te trata a ti igual.

—¿Y no tienen presión en este disco debido a las grandes ventas que tuvieron los anteriores? ¿No tienen miedo al fracaso?


—No, no, al contrario. Cuando hay algo que te gusta mucho, estás deseando enseñarlo.

—En el disco lo que hay son varias canciones que alaban lo que podríamos llamar la vida «insana».


—Lo justo. Pensamos que si hiciésemos vida sana, pues menudo aburrimiento. Si no fumásemos, ni tomásemos café, ni las cañitas de antes de comer, ni hamburguesas... me daría algo. ¿De qué vas a morir si no?

—Es que Estopa son unos apasionados de lo que podríamos llamar «cultura de bar».

—Sí, sí, la verdad es que pegamos cantando en un bar.

—Y ya que hablamos de bares, ¿le han dedicado alguna canción al futbolín?


—Sí, sí. Lo hemos citado. «La clientela bebía / el futbolín encontraba / las miradas perdidas / los codos en la barra».

—Ahora le tienen que dedicar un tema al inventor del futbolín, que es gallego y se llama Alejandro Finisterre.


—Vale, tío.


fuente: lavozdegalicia.es

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