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Debut con el Primer equipo: Atlético-Leganés
27 de mayo de 2001: “Hola Fernando, soy Paulo Futre”. ¿Futre? No alcanzaba a explicarme porque recibía la llamada del Director Deportivo del Club. Unos días antes, Iñaki Sáez me comunicaba que debutaría con la selección sub-18. Demasiadas cosas en poco tiempo. Las palabras de Futre me tranquilizan. Me dice que vaya a entrenar con el primer equipo con vistas a la próxima
pretemporada. Era conveniente que fuese viviendo el ambiente. Empecé a entrenar un miércoles, el sábado ya iba convocado y el domingo debuté. Fue todo muy rápido.
Y llegó el día. Eran poco más de la una de la tarde, el estadio estaba lleno, el ascenso aún en juego, hacía muchísimo calor, ganábamos uno a cero, y la tensión se mascaba por todas las esquinas del Calderón. Pero yo estaba extrañamente tranquilo. Las enormes ganas de jugar frenaban cualquier alteración nerviosa. Tras concluir el encuentro tuve una sensación rara: sentí que siendo
muy joven había logrado todo lo que había soñado en la vida. No me lo acababa de creer. Cuando era chaval pensaba que al llegar lo tenía todo hecho pero estaba equivocado: aquella mañana sólo di el primer paso.
Primer gol. Albacete- Atlético (0-1)
03 de Junio de 2001: “Suerte niño, vamos que tú puedes”. O algo así. Esas fueron las palabras que me dedicó Kiko cuando le reemplacé en el minuto 75 de partido. Nuevamente teníamos que ganar o nos quedábamos fuera de la pelea por el ascenso. Iván Amaya me envió un balón largo que se pinchó en el cielo. Me coloqué para el remate, busqué la espalda a la defensa y conecté un
testarazo que se convirtió en mi primer gol con el equipo, ¡inolvidable! La mitad del Carlos Belmonte de Albacete era del Atleti, la gente volcada, los compañeros…. Al concluir el encuentro nuestra afición saltó al campo para celebrar la victoria, fue increíble.
6. Decepción en Getafe
17 de Junio de 2001: Cuando ganas un partido, pita el árbitro el final y hay un inmenso silencio en el estadio, te das cuenta de que no ha servido de nada lo que has hecho. Que ha sido todo muy bonito pero que al final ha acabado mal. El equipo seguiría en Segunda división y el debut, el gol… todo lo hubiese cambiado por el ascenso. Otro año en el infierno. La gente estaba
rota. Era empezar otra vez de cero. Al llegar al vestuario había de todo: gente enfadada, gente jodida y gente destrozada.
Pero sobre todo había silencio. Ese silencio me salpicaba los oídos. Los que más tiempo llevaban lo vivieron más intensamente. Se habían dejado la piel durante toda la temporada y al final no encontraban recompensa. Yo era más aficionado que jugador y lo que sentía era desilusión. No me apetecía hacer nada. Estaba hundido. Mi único deseo era que pasara cuánto antes y olvidarlo. Esa
noche me encerré en mi habitación de Fuenlabrada. No encontraba consuelo. Sólo soñaba con haber vivido un sueño.
Ascenso a Primera División
28 de Abril de 2002: En lo personal no me fueron bien las cosas. Después de todas las expectativas que se habían forjado sobre mí, sólo había marcado seis goles. Eso sí, no hubiese cambiado una buena temporada mía por no ascender. El ascenso fue atípico. Se nos escapó contra el Nastic, al que teníamos que haber ganado, y tuvimos que esperar hasta el día siguiente.
Ascendí en el salón de mi casa y los compañeros comenzaron a llamar diciendo que ya estaba. Había que celebrarlo. Hubiese preferido esperar una o dos semanas más y disfrutarlo con la afición en el Calderón. Pero la espina ya estaba fuera. Nos esperaba Neptuno. Diego Alonso tiró del grupo, se subió a la fuente y gritó: “¡Atleti!”. Segundos después la noche madrileña nos escuchó a
todos: “Volvemos a Primera”. |