A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
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¿Quién no sabe que en México seguimos al pie de la letra el precepto bíblico de alabar a los muertos? A los vivos los elogiamos cuando pueden darnos algo.
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La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.
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La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.
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En caso de vida o muerte se debe estar con el más prójimo.
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La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.
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Nuestra naturaleza está en movimiento. El reposo absoluto es la muerte.
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Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte.
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La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres y a las mujeres todas, sin olvidarse de uno solo -¡Dios, qué fatal memoria!-, y los que por ahora vamos librando, saltando de bache en bache como mariposas o gacelas, jamás llegamos a creer que fuera con nosotros, algún día, su cruel designio.
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La muerte es dulce; pero su antesala, cruel.
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La muerte es una amarga pirueta de la que no guardan recuerdo los muertos, sino los vivos.
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La muerte es algo tan tremendamente airado, que sólo la desnudez, la elemental desnudez, puede escindirla del ridículo.
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El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar.
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La muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir.
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Algo hay tan evidente como la muerte y es la vida.
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Sin no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?.
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A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita una copa.
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La muerte tiene una sola cosa agradable: las viudas.
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La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte.
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La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
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La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella.
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Una muerte bella honra toda la vida.
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Uno a uno, todos somos mortales; juntos, somos eternos.
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Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente.
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La satisfacción es la muerte.
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Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario.
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El día de tu muerte sucederá que lo que tú posees en este mundo pasará a manos de otra persona. Pero lo que tú eres será tuyo por siempre.
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Muerte es todo lo que vemos despiertos; sueño lo que vemos dormidos.
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Estoy de acuerdo en que las sociedades decreten abolir la pena de muerte; pero que empiecen por abolirla los asesinos.
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La muerte no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida.
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La muerte es el remedio de todos los males; pero no debemos echar mano de éste hasta última hora.
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Es muy dulce ver llegar la muerte mecido por las plegarias de un hijo.
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La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.
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La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
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Es la muerte la falta de instrumentos del alma por los cuales se prolonga la vida.
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La muerte no es más que un cambio de misión.
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Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.
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Lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse.
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Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo.
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No os espante la muerte; o extermina o transforma vuestra existencia.
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Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérala, pues, en todo lugar.
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¿Por qué no salir de esta vida como sale de un banquete el convidado harto?.
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La muerte no es más que un sueño y un olvido.
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La perfección es muerte; la imperfección es el arte.
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Siempre son los demás los que se mueren.
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La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.
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Ni temas ni desees la muerte.
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La muerte es el comienzo de la inmortalidad.
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La muerte no os concierne ni vivo ni muerto: vivo, porque sois; muerto porque ya no sois.
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Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.
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Cuando no se teme a la muerte, se la hace penetrar en las filas enemigas.
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La muerte es un ensueño sin ensueños.
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La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.
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La muerte siempre es temprana y no perdona a ninguno.
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Cada instante de la vida es un paso hacia la muerte.
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El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos.
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Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
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La mejor tumba es la más sencilla.
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Duerme con el pensamiento de la muerte y levántate con el pensamiento de que la vida es corta.
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Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
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La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes.
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Como un mar, alrededor de la soleada isla de la vida, la muerte canta noche y día su canción sin fin.
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El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
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La muerte es más dura asumirla que padecerla.
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La muerte es el menor de todos los males.
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No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre.
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La pena de muerte es signo peculiar de la barbarie.
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No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda.
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Sigo preguntándome si hay vida después de la muerte. Y si la hay, ¿Le cambiarán a uno un billete de veinte pavos?.
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