Instrucciones para la
autohipnosis
Exponemos tres técnicas para entrar en estado hipnótico que,
a pesar de su aparente sencillez, son altamente poderosas
para lograr la finalidad prevista. Escuchar las
instrucciones en un cassette es una manera eficaz de seguir
los pasos adecuados. En las sesiones “in vivo”, suelo
controlar el proceso de inducción mediante la aplicación de
un “polígrafo” (el famoso “detector de mentiras”) que no es
más que un instrumento capaz de ofrecerme en pantalla la
constatación de si el sujeto se relaja o no, lo que me da
ocasión a variar el ritmo de las instrucciones y acomodarlo
a cada persona en particular.
Una técnica muy segura: hipnosis y relajación muscular
La persona debe colocarse en una cama cómoda, en un diván o
en un sillón reclinable para relajación. Si usa cojín, éste
debe ser de miraguano o de un material sintético similar y
maleable, de forma que fije el cuello y la cabeza de una
forma cómoda y adecuada para cada cual. La luz debe ser
tenue, o inexistente. El ambiente sin ruidos extemporáneos.
El teléfono descolgado, y las demás personas de la casa
advertidas de no interrumpir. Las instrucciones son algo así
como:
“Vamos a iniciar el ejercicio de relajación hipnótica.
Busca, en primer lugar, la postura en la que sientas mayor
comodidad, en la que notes que no estás haciendo fuerza
alguna.
Empezaremos con un ejercicio de cansancio ocular. Coloca tu
mano derecha extendida hacia adelante y arriba, casi por
encima de tu cabeza. El puño cerrado y el pulgar extendido.
Mira fijamente la punta del dedo pulgar, sin girar la cabeza
hacia atrás, pero forzando la vista. Deber notar que los
ojos se esfuerzan en mirar hacia arriba y hacia atrás.
Notarás rápidamente una sensación de cansancio y tensión en
ojos y párpados, así como dificultad para fijar la vista
donde deseas, aparición de visión doble y necesidad de
cerrar los ojos. Compara esta tensión con el bienestar que
percibirás al cerrar los ojos y bajar la mano. Hazlo ahora.
Iniciarás un ejercicio de respiración profunda. Debes
respirar profunda y acompasadamente. En cada inspiración
tomarás todo el aire que seas capaz, y lo expulsarás por
completo en cada exhalación. Debes notar que, al respirar
profundamente, tu abdomen, la zona de tu ombligo, se
desplaza arriba y abajo al tomar y expulsar el aire.
Concéntrate en pensar que cada vez que expulsas el aire es
como si eliminases tensión de tu cuerpo.
Al cerrar los ojos notaste una sensación de bienestar y
descanso en tus párpados y en tu frente. Dejaremos ahora que
este bienestar se expanda por todo tu cuerpo.

Concentra tu atención en tu brazo derecho. Repásalo
mentalmente, desde el hombro hasta la mano, comprobando que
esté perfectamente apoyado y que no haga fuerza alguna para
mantener su postura.
Cuando oigas la palabra “tensión” colocarás en tensión todos
los músculos del brazo, aunque sin moverlos de sitio. No lo
levantes ni cierres el puño. Simplemente tensa todos los
músculos. Lo mantendrás durante unos diez segundos, hasta
que oigas la palabra “basta”. En ese momento cesarás de
forma inmediata la tensión, tan rápido como si accionases un
interruptor, y tu brazo quedará colocado en reposo. En unos
treinta segundos, de forma automática, el brazo quedará como
desconectado, en reposo, como si estuviera junto a tu cuerpo
pero sin formar parte de él. La sensación es de calma y de
descanso. Así pues, con el brazo derecho “¡Tensión!”...
“¡Basta!”. Tu brazo derecho se desconecta y queda en reposo
junto a ti. Respiración profunda... Tu brazo derecho va
entrando en estado de calma y sosiego.
Concentra ahora la atención en el brazo izquierdo. Repásalo
también mentalmente para comprobar que está bien apoyado...
Cuando oigas la palabra “tensión” harás la tensión con los
músculos del brazo izquierdo. La mantendrás hasta que oigas
“basta”, y, en ese momento, desconectarás la tensión y
dejarás que tu brazo entre en reposo. Así pues, con el brazo
izquierdo, “¡Tensión!”... ¡”Basta!”. Respiración profunda...
También tu brazo izquierdo se desconecta y va quedando en
reposo.
Tu cuerpo va entrando en relajación, como si fuera cubierto
por una nube. Trabajaremos ahora tu pierna derecha. Repásala
mentalmente desde la cintura hasta el pie. Comprueba que
esté perfectamente apoyada, sin hacer fuerza. Cuando oigas
la palabra “tensión”, tensarás firmemente todos los músculos
de la pierna derecha. Cuando oigas “basta” soltarás la
tensión, y también la pierna derecha quedará en reposo junto
a ti. Así pues, con la pierna derecha, “¡Tensión!”...
“¡Basta!”. También tu pierna derecha entra en estado de
reposo. Respiración profunda... Deja que tu cuerpo se vaya
sintiendo distendido y plácido.
Trabajaremos ahora tu pierna izquierda. Comprueba
mentalmente que está bien apoyada. Cuando oigas “tensión”
harás la contracción con los músculos de la pierna
izquierda. Cuando oigas “basta” la soltarás, y, en ese
momento, la inmensa mayor parte de tu cuerpo estará en
reposo con lo que se incrementará la sensación de descanso.
Así pues, con la pierna izquierda, ¡”Tensión!”... “¡Basta!”.
Respiración profunda... ¡Descansa!...
La relajación hipnótica es un estado de descanso en que
dejamos nuestros músculos relajados e inmóviles, al tiempo
que la mente se concentra y se calma. La sensación corporal
que notarás es doble. En algunos momentos sentirás tu cuerpo
como pesado, como pegado a la cama o sillón, pero en otros
momentos lo sentirás ligero, leve, como si estuvieras sobre
un colchón neumático flotando sobre el agua tranquila. Esta
doble sensación es propia de los estados de relajación
hipnótica superficial.
Tu mente también la percibirás con una doble sensación. Por
una parte notarás una fuerte concentración, un total
control. sabes donde estás, qué haces, para qué lo haces.
Por otra parte, notarás un alejamiento del entorno, como si
las cosas estuvieran lejos y confusas... También esta doble
sensación, de control y de abandono, es propia de los
estados de relajación hipnótica superficial.
Unos minutos de relajación proporcionan más descanso que un
tiempo mucho mayor de sueño. Esto es así porque durante el
sueño no hay control. Puedes soñar, moverte, respirar
agitadamente... Pero durante la relajación el control es
total. Sabes lo que haces. Tu inmovilidad es total y
plácida. Únicamente haces los movimientos de la respiración,
los ejercicios para aumentar la relajación o pequeñísimos
movimientos para acomodarte en un momento dado. El resto del
tiempo, el cuerpo descansa. La mente descansa.
La mente, en estado hipnótico, adopta una postura de
observación. Simplemente observa. la conciencia se concentra
en los puntos en que tu deseas concentrarte. Todo lo demás
no se percibe.
Durante la relajación hipnótica puedes aprovechar para
eliminar tensión. Respira profundamente. Oxigenarás tu
cuerpo, relajarás la musculatura de tórax y abdomen, y, en
cada exhalación, es como si abrieses la espita que descarga
el depósito de las tensiones acumuladas.
Saldrás del estado de relajación en tres fases. Primero las
explicaremos. En la fase uno, al oir “uno”, abrirás los
ojos. En la segunda fase, al oir “dos”, harás movimientos
suaves con manos, brazos y piernas, para sentir nuevamente
el movimiento corporal. En la tercera fase, al oir “tres”,
darás por terminado el ejercicio. Desconectarás mentalmente,
y volverás a tu estado normal, con la intensa sensación de
haber descansado y de mantener un estado mental de
equilibrio y firmeza.”
Una técnica muy rápida: visualización
Las técnicas de visualización consisten en representar en el
pensamiento imágenes que intentan “vivirse” de forma lo más
completa posible. Debemos entrenarnos en percibir la imagen
con todos los detalles que puedan captar los sentidos. Es
como si entrásemos en la situación y buscásemos percibirla
en su plenitud, reproducirla en nuestra mente con sus
menores detalles.
No es difícil, aunque al principio pueda parecerlo. He aquí
un método con tres aproximaciones sucesivas, relativamente
fácil de percibir. Veamos las instrucciones:
“Iniciaremos un ejercicio de visualización. Ponte en una
postura cómoda, respira profundamente y mantén tus ojos
cerrados.
Visualizarás, en primer lugar, una imagen de cansancio
físico. Busca en tu recuerdo algún momento de tu vida en que
hayas sentido un intenso cansancio físico. Quizá después de
hacer algún ejercicio agotador, una excursión, o un trabajo,
cambiar muebles...
Debes recordar intensamente esta situación. Colócala en tu
pensamiento y rememora los detalles. Cuál era tu vestimenta,
qué personas había, cómo era la luz, el ambiente. Qué olores
sentías. Cómo era tu respiración. Qué sonidos percibías...
Rememora también la sensación de cansancio, quizá de sudor,
de sed. La necesidad de sentarte o echarte, de descansar.
Deja que todo tu cuerpo se impregne de la sensación de
cansancio... tus brazos pesados, tus piernas... Siente ahora
el efecto del cansancio sobre tu cuerpo. Descansa.
Visualizarás en segundo lugar una situación de bienestar y
placer afectivo, en compañía de otra persona. Puede ser, o
no, una relación de pareja. Debe ser alguna situación que
recuerdes con especial ternura. Una de las veces que has
sentido con más intensidad la vivencia de afecto, de cariño,
de dar y recibir, de entregarte.
Recuerda intensamente la situación. Colócala en el
pensamiento. Recuerda quiénes estabais. Como ibais vestidos.
Como era el ambiente, la luz, las sombras, las cosas, los
muebles, el olor, los sonidos, las voces, el silencio, el
tacto... Recuerda cómo te sentías, como se sentía la otra
persona. Deja que la corriente de afecto y ternura pase otra
vez por tu cuerpo y tu mente. Imprégnate de esa sensación.
Siente el bienestar y el deleite que la situación conlleva.
Siente el efecto de est tranquilidad sobre tu cuerpo.
Descansa.
Pasaremos ahora a visualizar una escena de descanso en el
paisaje más hermoso que recuerdes haber visto en toda tu
vida. Ese lugar maravilloso que te evoca paz, reposo y
serenidad. Donde es posible fundirse con la naturaleza,
gozarla...
Obsérvate en ese paisaje, mirándolo, sintiéndolo, gozándolo.
Rememora el espacio con todos tus sentidos: la luz, las
sombras, los colores, la humedad, la temperatura, cómo es tu
forma de vestir, tu actitud. Qué olores se sienten. Cómo es
el aire, la brisa, la atmósfera, el cielo...
Deja que tu cuerpo y tu mente se integren ahora en este
paisaje. Siente cómo todo tu cuerpo se impregna de esa
sensación de paz y sosiego. Descansa”
En breves minutos es posible reproducir las visualizaciones
expuestas, y pasar a un estado de concentración mental
propio de la autohipnosis. Podemos, a partir de ahí, pasar a
visualizaciones más concretas, para solventar problemas
personales o para entrenar habilidades.
Una técnica mixta.
Cuando tengas experiencia en autohipnosis mediante alguna de
las técnicas explicadas, quizá te interese crear tu propia
técnica para llegar lo más rápidamente posible al estado de
superconcentración. Te expongo a continuación una técnica
mixta, relativamente rápida, que combina elementos de
relajación muscular y de visualización. Insisto en que, para
lograr resultados con esta técnica, debes tener experiencia
concreta en cada una de las técnicas anteriores, y saber
perfectamente qué sientes cuando llegas al estado hipnótico.
Las instrucciones son:
“Vamos a iniciar el ejercicio de relajación hipnótica. En
primer lugar vas a provocar un cansancio ocular. Para ello
vas a fijar tu vista hacia arriba, hacia un punto del techo.
Debes notar que estás forzando la vista, hacia arriba y
hacia atrás. Ello te producirá, en pocos momentos, un
cansancio en los párpados. Notarás tensión y cansancio sobre
los ojos, y necesidad de cerrar los párpados. Cierra los
ojos... Descansa.
Mantendrás la respiración acompasada y profunda. Recuerda
que debes inhalar todo el aire que puedas, y soltarlo cada
vez por completo.
Impregna tus brazos y piernas de la sensación de pesadez.
Siéntelos pesados, sueltos, como si cayeran. Comprueba que
tus brazos y piernas se notan pesados, como pegados a la
cama o al sillón.
Visualiza la escena de descanso en el paisaje relajante.
Concéntrate en los detalles: el aire, la luz, los colores,
los ruidos, los olores...
Deja que la sensación de pesadez en brazos y piernas se
transforme en sensación de relajación, de descanso. Que la
pesadez alterne con la ligereza. Sensación de flotación, de
que tu cuerpo reposa mientras tu pensamiento se concentra en
la visualización...”
A partir de ahí, podemos incluir en el proceso las
visualizaciones que nos interesen.
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