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La hipnosis y, en consecuencia, la
autohipnosis, constituye un complemento eficaz en el
tratamiento de una gran diversidad de problemas. Exponemos
los más experimentados.
Reestructuración de los conocimientos y de las actitudes.
En este caso la hipnosis se emplea para “grabar”
conocimientos y nuevas actitudes que permitan al sujeto
enfrentarse mejor a los problemas que la vida proporciona.
Si una persona cree que es muy importante conseguir la
aprobación y el aprecio de quienes le rodean, se siente mal
cuando cree que no lo consigue. Puede incluso actuar de
forma forzada, buscando que “todos le quieran”, aunque para
ello deba renunciar a su propia manera de ser, o deba hacer
concesiones que, en el fondo, le frustran.
Lo
que nos afecta no son los hechos, sino la visión que tenemos
de ellos. Y la visión que tenemos de los hechos depende, en
gran medida, de “cómo hemos aprendido a ver los hechos”. Una
“idea errónea” como la expuesta (“Debo agradar a todo el
mundo”) hace que veamos a los demás como jueces a quienes
tenemos que agradar por encima de todo, lo que nos supedita
constantemente a las opiniones de otras personas.
En otras palabras, las “ideas erróneas” hacen que “veamos la
realidad” de forma deformada. Si la idea errónea es “Mejor
evitar los problemas que afrontarlos”, la persona se pasa el
tiempo cerrando los ojos ante los problemas, y soslayándolos
en lugar de tratar de resolverlos. A la larga, acaba por no
saber qué hacer ante ningún tipo de problema, y, lo que es
peor, se siente cada vez más incapaz. Le falta
“entrenamiento” en el hábito de afrontar la realidad.
En estos casos, la técnica hipnótica puede ser de gran
ayuda. Para cada “idea errónea” grabamos instrucciones
racionales que pasarán a formar parte de los esquemas
mentales del sujeto. El estado de relajación hipnótica
supone una “superconcentración” que permite aprender las
cosas con gran facilidad. Si las ideas son simples,
racionales y claras, se “insertan” en la mente de quien las
practica y, en poco tiempo, pasan a formar parte del
“pensamiento automático”. Llamamos pensamiento automático al
pensamiento que, constantemente, estamos produciendo, aún
cuando no nos damos cuenta. Es una especie de “diálogo
interior” que mantenemos con nosotros mismos, casi
inconsciente, pero que comporta constantes “instrucciones”
acerca de cómo actuar y acerca de qué valores debemos
asumir.
Tics
La
autohipnosis puede emplearse en el tratamiento de los tics,
aunque siempre en combinación con otras técnicas. Los tics
son movimientos involuntarios, y prácticamente
inconscientes, que afectan a uno o varios músculos del
cuerpo. A veces son ruidosos (tics fonatorios) consistentes
en carraspear, inspirar por la nariz o chasquear la lengua.
En ocasiones son combinaciones amplias de todo esto que
venimos diciendo.
Control de hábitos
La hipnosis y la autohipnosis se han mostrado como un
excelente método de ayuda para ayudar a los pacientes a
controlar una serie de hábitos dañinos o molestos. Veamos su
utilidad en varios de esos hábitos, y las distintas
estrategias que pueden aplicarse en ellos:
Dejar
de fumar
La dependencia de la nicotina, junto con la del alcohol, es
la drogadicción más extendida en el mundo. La nicotina es
una sustancia estimulante, espantosamente tóxica, pero a la
que resulta fácil habituarse, así como desarrollar
resistencia ante ella.
La autohipnosis es un método complementario adecuado para
dejar esta adicción. Proporciona una especie de relajación
ante el nerviosismo provocado por el abandono del
cigarrillo, disminuye la sensación de “recompensa” provocada
por el fumar y sirve para “cambiar” las ideas del fumador
con respecto al tabaco.
Trastornos por ansiedad
La autohipnosis puede ser muy útil en el control de la
ansiedad. Como técnica para inducir la relajación, sirve
para aprender a tranquilizarse, para reposar en situaciones
de tensión y para eliminar la tirantez acumulada. En este
sentido, los simples ejercicios de inducción autohipnótica
descritos anteriormente, son suficientes para aprender a
disminuir la ansiedad.
Control del peso
La autohipnosis puede emplearse en el control del peso,
combinado con un plan dietético adecuado y con un plan de
ejercicio
Fobias concretas
Las fobias únicas (por ejemplo: a las alturas, a los
ascensores, a las serpientes...) son fáciles de tratar
mediante la autohipnosis. En cambio, las fobias múltiples
(fobia a salir a la calle y a ir en metro y a ir al cine y a
visitar grandes almacenes y a...) requieren un enfoque más
amplio.
Algo importante:
Hay una serie de problemas psicológicos en los que la
hipnosis es inoperante o, peor aún, contraproducente. Son
los siguientes:

Depresión. Los pacientes depresivos, con cualquier tipo de
depresión, tienen muy difícil la obtención de cualquier tipo
de relajación, sea por el método que sea. La depresión, a
pesar de su expresión psicológica es una enfermedad orgánica
y como tal hay que tratarla. La primera fase del tratamiento
debe incluir el empleo de medicamentos antidepresivos. Más
adelante, cuando la persona sale del estado depresivo, la
“ansiedad obsesiva” (dar vueltas y vueltas a las cosas, sin
llegar a resultados) desaparece, y la persona es capaz de
concentrarse. Recordemos que la hipnosis es un estado de
“superconcentración” y que cualquier depresión, aún las
leves, provocan problemas importantes para fijar la
atención.
Esquizofrenia y síntomas psicóticos en general. La
esquizofrenia es una enfermedad mental grave que consiste en
una pérdida del contacto con la realidad. Los delirios
(sistemas de pensamiento sin contenidos reales) y las
alucinaciones (percibir cosas que no existen) son los
“síntomas psicóticos” más habituales. En cualquier psicosis
(palabra prácticamente sinónima de esquizofrenia) aparecen
también síntomas de deterioro. La persona se vuelve más o
menos inútil para el trabajo, el estudio, las relaciones
sociales y afectivas. Este tipo de pacientes pueden vivir la
hipnosis en forma delirante, percibiéndola como una
“intromisión” en su pensamiento, o en una forma de
perjudicarles.
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