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JESSICA ALBA
Por John Vincent
Fantástica... y pecadora
El sueño de todo dibujante de cómic se hace realidad en las
curvas, trazadas sensualmente por la más delicada de las
plumillas, de Jessica Alba. La actriz presta su carne
tridimensional a dos mujeres que hasta hace poco solo
existían en la bidimensionalidad de los tebeos: la inocente
stripper en un mundo de pecado de "Sin City" y la heroica
Mujer Invisible de "Los 4 Fantásticos". ¿Pecadora? Tal vez
lo será el día que decida desnudarse en pantalla. En esta
entrevista, entre otras cosas, nos explica por qué todavía
no quiere hacerlo ¿Invisible? Para nada...
Predestinada a ser la bella que es hoy desde que nació en
Pomona, California, el 28 de abril de 1981, Jessica Alba
decidió que quería ser actriz a los 5 años contra la
voluntad de su progenitor, que la veía como médico o
abogada. En su primera intentona como intérprete en 1994, ya
con 13 años, tuvo suerte: iba a ser una simple extra en Camp
Nowhere, pero cuando una de las protagonistas (de idéntico
color capilar que Alba) falló, ella fue la elegida para
sustituirla. Fue el principio de una carrera que incluyó
anuncios en la pequeña pantalla, papeles en films olvidables
(Venus Rising, El Diablo metió la mano, Nunca me han
besado), televisión (las series The Secret World of Alex
Mack y Flipper, episodios de Sensación de vivir)...
Pero si no llega a ser por James Cameron, hoy Jessica Alba
sería una habitual de los videoclubs casposos, de las series
de teenagers y de los telefilms de sábado por la tarde. El
director de Titanic, convertido en creador y productor
televisivo, le ofreció el rol de Max Guevara en la catódica
Dark Angel. Los dos años que duró esta serie de acción
(durante los cuales inició un romance, ya finiquitado, con
su partenaire Michael Weatherly) la lanzaron al estrellato,
lo que le permitió volver al cine con un producto a su
medida, Honey, donde podía demostrar su excelente forma
física en su papel de bailarina. Sin Cameron, seguramente
hoy Alba no habría danzado semidesnuda en Sin City ni se
habría vuelto invisible en Los 4 Fantásticos.
FOTOGRAMAS: ¿Cómo es Susan Storm, su personaje en Los 4
Fantásticos?
JESSICA ALBA: Normalmente, las heroínas en el cine son muy
toscas y masculinas, pero Susan, la Mujer Invisible, es
femenina, refinada e inteligente. Solo se escriben
personajes así para mujeres de 60 años.
F.: En los cómics, Susan no paraba de mediar entre la Cosa y
la Antorcha Humana.
J.A.: Si, ella trata de que todo el mundo esté unido. Y
cuando hace eso la gente sigue enfrascada en sus problemas,
así que ella desaparece. Es muy metafórico. No estoy
familiarizada con los cómics, pero cuando leí el guión esa
parte me encantó. Muchas familias se rompen, hay gente que
se pelea... Esta película trata de cómo resolver conflictos.
F.: ¿Le preocupa ser invisible buena parte del metraje?
J.A.: En absoluto, porque la historia es muy buena. Me
siento honrada de ser parte de una película que no es como
las otras adaptaciones de cómic que se han hecho hasta
ahora. No es oscura ni cínica; trata de la familia, el
compañerismo y la esperanza.
F.: ¿Se entrenó mucho para el papel?
J.A.: Sí, ya que rodábamos unas 14 horas diarias... si era
un día de suerte. Para poder aguantar, tienes que estar en
forma.
F.: Y la experiencia de vestir un traje de superheroína...
¿gratificante?
J.A.: Extraña. Cuando me lo tenían que poner había un montón
de tíos, a las ocho de la mañana, y yo estaba sola. Y
entonces me decían: Vamos a ponerte vaselina por todo el
cuerpo para que entre el traje. Y empezaban a untarme, y a
acercarse a zonas de mí a las que muy poca gente está
autorizada a acercarse, y me lubricaban...
F.: Muchos fans de los cómics se indignaron cuando se supo
que usted era la elegida; les molestó que escogiesen a una
actriz tan morena, tan diferente de la imagen rubia de Susan
Storm en los cómics. ¿Le afectó?
J.A.: Me preocupó. Pero cuando la oportunidad llegó, no pude
dejarla pasar. Si hubiese dicho que no, no hubiese podido
dormir tranquila.
F.: ¿Hasta qué punto su aspecto latino ha condicionado su
carrera?
J.A.: Mi padre es mexicano y de piel oscura, y mi madre es
muy rubia. Los guiones que he recibido hasta ahora eran para
hacer de personajes tipo María, la típica hija del empleado
de la limpieza. Nací en Estados Unidos, y nunca me vi así
hasta que la industria me hizo pensar en mí como latina...
aunque desde pequeña supe que no encajaba con ninguna raza.
F.: ¿Qué tal participar en una producción como Sin City?
J.A.: Me sentía como una pequeña nota en una pieza musical.
Tenía ganas de rebobinar y verlo todo en conjunto. Y rodar
con Robert Rodriguez fue un sueño. Me contó que fui al
casting de otra película suya, The Faculty, con 17 años. ¡Me
estaban saliendo las muelas del juicio y estaba hasta
arrriba de Vicodin! (ríe). Yo no recuerdo nada, pero Robert
me contó que hablaba lento, como: Hooola, señor Rooodriguez,
le admiroo, déjeme trabajar con usted. ¡Debí asustarle de
verdad!
F.: Y ahora que al fin ha trabajado con él... ¿cómo se ha
visto?
J.A.: Yo soy muy crítica conmigo misma; cuando veo la
película, espero que pasen mis escenas para poder disfrutar
del film.
F.: ¿Cómo preparó el personaje de la stripper Nancy?
J.A.: Visité clubs de strippers y hablé con las chicas. Me
dijeron que las primeras tres semanas eran duras pero que
luego se acostumbraban... ¡pero yo solo tenía dos días!
Llegué a la conclusión de que necesitaba a un coreógrafo. Se
lo comenté a Robert y me dijo que no, que quería algo más
natural, que ellos iban a poner la música y que lo que yo
tenía que hacer era dejarme llevar.
F.: ¿Y no le dio ningún modelo a seguir?
J.A.: Si, Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer, el baile
más sexy que he visto nunca. Me dijo que iba a ser como
aquella escena, y yo le contesté: ¿Hablas en serio? Tenía
que estar a la altura de algo que ya es un icono: nunca ha
habido un baile tan sexy... y Salma ni siquiera estaba
desnuda.
F.: ¿Cómo es Nancy?
J.A.: Es una stripper inocente, que no piensa que lo que
hace sea malo; solo lo hace por dinero. Es un ángel en un
mundo de oscuridad... Exactamente igual que estar en
Hollywood.
F.: Y ese apasionado beso con Bruce Willis...
J.A.: Fue un largo día de besos... a veces suculentos. Él
estaba más nervioso que yo. Todo el rato quería cambiar
cosas de la escena, y Robert le decía: No. ¿Qué tal si
simplemente te sientas y dejas que ella te bese?
F.: En el cómic, Nancy se desnuda con frecuencia. Pero usted
no lo hizo por una cláusula que incluye en todos sus
contratos...
J.A.: Todo ese tema... no lo sé. Soy joven, y tal vez en el
futuro mi idea cambie. A lo mejor hago una película
extranjera y decido que desnudarme es lo correcto para el
film. Lo único que puedo afirmar con seguridad... ¡es que
nunca haré un film porno!
F.: A lo mejor tiene que ver con su etapa religiosa. ¿Cuándo
y cómo fue?
J.A.: Mis padres no eran creyentes, pero a los 12 años
empecé a preguntarme: ¿Cuál es el sentido de la vida? Iba a
la iglesia, me levantaba a las cinco para rezar... Pero a
los 16 años entré en una escuela de teatro (fundada por
David Mamet y William H. Macy), y estaba rodeada de gente
que, según mi iglesia, iría al Infierno. Pensé que mi Dios
fallaba en algo si esa gente estaba condenada. ¿Y qué había
de la gente que no compartía mi religión? Era una gilipollez.
F.: ¿Usted se ve sexy?
J.A.: Tras horas de peluquería y maquillaje, y con unos
sujetadores que realcen mis pechos, puedo estar sexy. Lo
estaría cualquiera. Pero cuando me levanto por la mañana me
pregunto: ¿Soy sexy? Por supuesto que no.
F.: Tras estas dos películas se va a convertir en una
celebridad...
J.A.: No creo que si estas dos producciones funcionan las
cosas cambien mucho para mí. No me importa la fama, no la
necesito. De hecho, la industria del cine me parece muy
sombría...

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