"SOY JULIA, DE GEORGIA", se presenta Julia Roberts
mientras tiende la mano e inquiere el nombre de su
interlocutora, Beatrice Sartoni. "¡Qué casualidad,
Beatrice se llama también mi abuela!", dice cálidamente
mostrando su legendaria sonrisa enorme. Con una nueva
seguridad, sin titubeos, con humor y algo de fatiga en
el muy anguloso rostro, la actriz -que cubre su delgadez
con punto en gris acero de Max Azria y accesorios de
plateados collares indios- recibe a la prensa en el
suntuoso hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, donde
lleva alojada tres días, lejos de su apartamento secreto
de Union Square al que llama "hogar"
En su recién estrenada faceta de productora, Roberts se
ha implicado a fondo en la promoción de Quédate a mi
lado, un drama familiar que la empareja con Susan
Sarandon. A sus 31 años, nueve después de su
consagración por Pretty Woman, y mientras ha conseguido
erigirse, por segunda vez en un lustro, en "la actriz
mejor pagada de Hollywood" (2.500 millones de pesetas
por Runaway Bride), habla de sus conquistas personales,
desinterés por el dinero, nueva vida y los tres hombres
-Lyle Lovett, Benjamin Bratt y Richard Gere- que ahora
la presiden, convirtiéndola en "una mujer feliz sin
vergüenza de serlo". Pregunta.-Este año, se
cumplen nueve de Pretty Woman. En casi una década ha
triunfado, se ha casado, divorciado, desaparecido,
regresado... ¿Cuál es su balance?
Respuesta.-El reto ha sido sobrevivir estos 10 años: ése
es el balance (Carcajada). Bueno, en serio, ahora me
siento una mujer madura y plena, de lo que estoy
disfrutando. Adoro recordar mis 20 años y la década que
siguió. Hice películas maravillosas, aprendí, conocí
gente estupenda y llevé una vida llena de bendiciones.
Lo único que lamento es que dejé de leer tanto como
antes, pero estoy recuperando lo perdido. En términos
generales, me siento muy afortunada por todo lo que me
ha ocurrido.
P.-Nadie sale intacta de tantas experiencias. ¿Hasta qué
grado la han cambiado?
R.-No he cambiado mucho. Ha cambiado mi vida, pero yo,
no. Soy la misma actriz, y me motivan las mismas cosas
que el día que rodé la primera escena de Mystic Pizza.
Desde entonces, y hasta hoy, sigo trabajando igual de
duro y con idéntica autoexigencia. El éxito lo asimilo
como antes. Y lo evalúo ahora igual que al principio.
Quizá, los cambios se han producido más en lo personal,
un área en la que he logrado hasta optimizar lo
negativo.
P.-¿Quiere hablar de ello?
R.-¿Por qué no? En lo personal, ahora sé más cosas de la
vida. Mi vocabulario se ha ampliado, mis aptitudes para
la observación se han agudizado. Íntimamente, espero
haber mejorado como actriz en estos 10 años, porque he
podido añadir más experiencias vitales a mis trabajos de
interpretación. Pero, la pasión y el hambre por el
trabajo son las mismas.
P.-¿A qué experiencias vitales se refiere?
R.-A todas y a asumir plenamente todo lo que he hecho,
dicho y decidido. A estar presente en cada uno de mis
actos, porque participar es mi filosofía personal.
Acepto las cosas malas igual que las buenas. Tengo una
buena vida, llena de calidad y contenido. Según cumplo
años, asumo mejor las elecciones que he realizado. Llevo
una vida privilegiada, y me he creado, también, la mía
propia, una vida pequeña e íntima y estoy orgullosa de
haberlo logrado. Nadie conoce mi intimidad verdadera,
¡es el secreto mejor guardado de Nueva York! (Risas).
Soy muy feliz sin avergonzarme de ello.
P.-Ahora estrena Quédate a mi lado, un drama que aborda
la muerte, el compromiso sentimental y las relaciones
familiares. ¿Fue una película dura de rodar?
R.-No, en absoluto. Se trata de un proyecto que Susan
Sarandon y yo buscamos para hacer juntas. No es algo que
haya llegado de forma impuesta. Es una historia que
habla al corazón de todos los que la vean, porque el
sufrimiento y el dolor aparecen siempre en nuestras
vidas. El dolor puede llegar de un divorcio, de padres
que no se entienden, de enfermedades... Yo quería hacer
una película que hablara de todo esto de una forma
realista.
P.-¿Qué nuevas virtudes ha descubierto en sí misma a
través de su trabajo de productora?
R.-¡Que tengo muchísima más paciencia de la que creía
tener! Mire, producir es un trabajo terriblemente
tedioso para el que se necesitan toneladas de paciencia.
Asumí una responsabilidad enorme en cuanto a la creación
de la estructura de la historia y los personajes durante
la escritura del guión. Después, en el plató, me limité
a ser actriz y a hacer un buen trabajo.
P.-En el que tenía enfrente a Susan Sarandon.
R.-Somos amigas íntimas y trabajamos duro durante la
preproducción. Pero, de repente, en el plató, me dije
"¡mierda, no es mi amiga Susan, es esa formidable actriz
ganadora del Oscar!". Tragué saliva y decidí intentar
impresionarla. Digamos que sufrí un maravilloso
sentimiento de pánico. (Risas)
P.-¿Se identifica con su personaje, Isabel, que debe
decidir entre su carrera y la familia?
R.-No me identifico con los personajes que hago. Pero,
puedo parecerme a Isabel en que, como ella, tengo una
fuerte sensibilidad hacia la independencia. Soy muy
autosuficiente, afortunadamente, y también, muy
competitiva en términos de mi carrera. Y disfruto
enormemente de mi trabajo. Ahí acaba mi parecido con
ella.
P.-¿Se ve como madre?
R.-La película no me ha hecho pensar en ello. Pero, sí,
en el futuro me veo como la madre de alguien. Como una
buena madre.
P.-¿Cómo es ser una buena madre?
R.-Alguien que comparte el amor y las risas con sus
niños. Ése sería el punto de partida.
P.-La película habla de que la batalla que siguen
librando las mujeres en la sociedad se desarrolla en el
ámbito de la familia.
R.-Creo que lo mismo les ocurre también a los hombres.
Especialmente ahora a los hombres, porque los grandes
cambios operados en la situación de la mujer, con todas
las conquistas de este siglo, ha hecho mover sus
posiciones y sumergirles en un cierto grado de
desorientación. Aunque todavía no tengo hijos, creo
firmemente que crear y mantener familias sólidas es el
gran reto de nuestros días para todo ser humano.
P.-En la película, el personaje de Sarandon ironiza
acerca de su belleza, sugiriendo que es demasiado
dentona para ser guapa. Como productora, ¿no quiso
cambiar la frase?
R.-(Risas) ¡Cambié la frase! Porque se aludía a mi pelo,
y me parecía un comentario banal, algo estúpido y sin
intención. Preferí que me criticase por algo con lo que
se me identifica y es mi enoooooorme maxilar. (Risas)
Mire, soy una Roberts y todos los Roberts somos dentones
y conocidos por nuestra quijada. En mi familia, no lo
consideramos un insulto.
P.-Está mucho más delgada, ¿sigue alguna dieta?
R.-Hago la gimnasia normal para mantenerme, pero mi gran
descubrimiento ha sido el yoga. Pero, tomado como
ejercicio, porque no quiero cambiar mi vida, sino mi...
trasero. (Carcajada) Tengo el cuerpo que me merezco...
aunque podría tratarlo mejor. Me pongo morada de cookies,
queso y pasta italiana. Soy como una vaca, me podría
pasar rumiando el día entero.
P.-Cumplir 30 años ha incrementado su belleza.
R.-Gracias, pero la belleza me parece un tema
superficial. No creo que sea la belleza física lo que
hace a una persona atractiva. Pero, acepto la etiqueta,
ya que son los demás quienes me la cuelgan.
P.-Otra etiqueta: la actriz mejor pagada de Hollywood.
Por segunda vez en cinco años.
R.-Eso es lo que me han contado. Parece que es el
comentario de moda. Preferiría hablar de otros temas. No
pretendo ser hipócritamente tímida, pero es que soy
verdaderamente tímida por mi total y absoluta falta de
interés hacia el dinero y el estatus que trae consigo.
Mi máxima suerte es hacer las películas que quiero y no
actúo mejor o de distinta manera si me pagan más o
menos.
P.-El hecho es que ha recibido 2.500 millones de pesetas
por Runaway Bride.
R.-Sé que por ello soy el fenómeno de moda durante estas
dos o tres próximas semanas. Pero, afortunadamente,
luego llegará otra actriz a la que pagarán más y le
colgarán la etiqueta a ella. Mire, a veces, rechazo una
película por insatisfacción hacia lo que me ofrecen y,
10 días después, vuelven con el mismo guión pero con un
sueldo duplicado. ¡Y no han mejorado mi personaje! Y lo
vuelvo a rechazar. Porque, el dinero no me hará mejor
actriz ni mejor persona. Puede que alguien esté en este
negocio para acumular dinero, pero esa política no
coincide conmigo. Yo no soy ese tipo de persona.
P.-¿Cómo se definiría?
R.-Como una persona intacta. Soy la misma chica que tocó
el tambor en Satisfaction y dijo dos frases. Y, en lo
personal, alguien que otorga a la familia y amigos, a
los que considero familia, la máxima importancia en mi
vida. Cualquiera de ellos ejerce una influencia muy
positiva sobre mí. Sobre todo, mi abuela Beatrice y mi
madre Betty, a las que llamo a Smyrna para consultarles
todo. Me desvío un poco del tema, para opinar que se ha
difundido, para mi gusto, esa exagerada idea del poder
tremendo de la individualidad y la independencia, que
para mí resulta algo frívolo. El afecto de los míos, de
los que me considero emocionalmente dependiente, es
fundamental en mi vida.
P.-¿En qué ocupa su tiempo libre?
R.-Hago punto, a todas horas, casi de forma obsesiva:
bufandas, suéteres, chaquetillas, calcetines, todo en
cantidades masivas... si lo viera no se lo creería. Me
libera de la presión, la tensión y los nervios. También,
cocino para mis amigos en casa. Soy muy buena haciendo
tarta de calabaza y horneo mi propio pan de centeno. Leo
mucho y salgo al cine.
P.-¿Cuáles han sido su último libro y película?
R.-Mi escritor favorito es Chéjov, acabo de leer
Historias de Pat Hobby, de Scott Fitzgerald, y voy a
releer Los cuentos de Canterbury. Ayer fui al cine con
mi novio, vimos Celebrity, de Woody Allen, hilarante y
con un Leonardo DiCaprio maravillosamente salvaje.
P.-Ha cumplido un año con Benjamin Bratt.
R.-Es la persona que hace que mi vida sea más bonita.
Pero, no le diré más.
P.-Lleva una medalla con la inscripción "I Love You".
¿Se la ha regalado él?
R.-No, ha sido mi hermana Lisa, ayer. (Le da la vuelta)
¿Ve?, detrás lleva la frase en nueve idiomas más.
P.-Seguimos en el territorio amoroso. ¿Por qué en
Quédate a mi lado canta If I din't Know You, que Lyle
Lovett compuso inspirándose y dedicándosela a usted?
R.-Lyle me enseñó a cantarla. Es una canción que amo y
para mí era importante incluirla en la película. Mire,
pueden escribir todo tipo de cosas sobre nosotros gente
que ni siquiera nos conoce. Lo que ha quedado entre Lyle
y yo, una más que maravillosa amistad que será para
siempre, no puede tocarlo nadie, ni siquiera intuirlo.
Es mi mejor amigo en todo el planeta. Y lo será siempre.
P.-¿Cómo ha sido reencontrarse con Richard Gere en el
plató de Runaway Bride?
R.-¡Fantástico! Somos dos viejos amigos que hemos
estudiado durante mucho tiempo la forma de encontrar
algo verdaderamente muy bueno en lo que volver a
trabajar juntos. Todavía quedan cuatro semanas de rodaje
en Baltimore. Aprovecho para advertir que nadie espere
una secuela de Pretty Woman, ésta es una película
totalmente distinta. Mi papel es el de una chica algo
rarita y con un punto de psicótica... aunque adorable.
Los diálogos con Richard son hilarantes y muy
juguetones, con aristas.
P.-Cuando vivió momentos bajos, ¿pensó dejarlo?
R.-Nunca, aunque con los niños de mis amigas descubrí
que podría ser una buena profesora. Una institutriz
perfecta... incapaz de explicar matemáticas. (Risas)
P.-Durante sus desapariciones o cuando sus películas no
tuvieron el éxito previsto, la industria buscó
sustituirla. ¿Reconoce en alguien a "la nueva Julia
Roberts"?
R.-Sí. En la que tiene delante, cariño. (Carcajada) La
original, primera y única Julia Roberts.
Entrevista realizada por Beatrice Sartori.
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