
Esta
es la historia de una niña de un pueblecito llamado Pont-Audemer.
Introvertida, familiar, en clase se dejaba llevar por su
imaginación y en el campo se abrazaba a los árboles.
Laetitia fue embelleciendo tranquilamente por el curso
natural de las flores al madurar.
Estando con su familia de vacaciones en la isla de Córcega,
de donde es su padre, un día un fotógrafo, Frédéric
Cresseaux, se fijó en ella. Fue el primer paso de su carrera
meteórica, que la ha llevado a convertirse en una de las top
models más cotizadas. Ya casi más actriz que modelo, ni los
focos ni las cámaras han modificado su belleza silvestre.
Ese primer contacto en un día de playa de 1993 se tradujo
meses después en una visita a la agencia de modelos Madison
de París. Acompañada por su padre, es presentada al creativo
de la agencia, y de él pasa inmediatamente a la directora de
cásting de Elle. Empieza a girar dentro del torbellino.
Su primer desfile fue para Jean-Paul Gaultier en 1993 y su
primer gran debut en la publicidad impresa es para la firma
Guess? al año siguiente. Nueva embajadora de las curvas
generosas, sustituye a la modelo alemana Claudia Shiffer en
la publicidad de estos jeans. Se convierte en la imagen de
Victoria’s Secret, la marca de sujetadores número uno de
Estados Unidos. En 1998 es la cara de los cosméticos L’Oréal,
un privilegio reservado sólo a los rostros más delicados y
bellos. Otro contrato importante es el desfile especial de
celebración de los 40 años de creación de Yves Saint Laurent.
A ella le encargan llevar el vestido de novia. Brilla tanto
que el popular modista la convertirá en su musa en adelante.
Al año siguiente le cae la responsabilidad de presentar su
primer gran evento, el festival de cine de Cannes, donde
evidentemente no es suficiente con ser guapa. Presentar el
Festival de Canción de San Remo, la hace definitivamente
famosa para el gran público, en parte, por la polémica que
suscitó el hecho de que la presentadora no fuera italiana.
Ha salido en las portadas de las revistas de moda más
importantes: Vogue, Elle, Cosmopolitan... Ni más ni menos
que 40 portadas en dos años. Los fotógrafos más ilustres la
han inmortalizado: Dominique Isserman, Herb Ritts, Arthur
Elgort, Paolo Roversi... París-Match declara que “el alma de
todas las chicas pin-up de los años 50 se reencarnan en
Laetitita”, tal y como refleja su pose para el famoso
calendario de Pirelli, edición 1999. Lo que Judith Mascó
consiguió una vez, aparecer en la portada del especial
bañadores de la revista Sports Ilustrated, ella lo hace tres
años consecutivamente, desde 1997 a 1999. Uno de los escasos
desnudos con que ha abierto la revista Rolling Stone es con
ella, afirmando que Laetitia Casta es la modelo más tórrida
del 98.

Pocas
modelos devienen verdaderas instituciones. En el año 2000,
el voto de 16.000 alcaldes la convierte en “Marianne”,
símbolo nacional de Francia. Una escultura de ella con el
pecho desnudo figura en todos los ayuntamientos del país. Un
honor que han merecido antes mujeres de la talla de Brigitte
Bardot, Carole Bouquet o Catherine Deneuve.
Muchas modelos, con mayor o peor fortuna, han cruzado la
pasarela de la moda hacia el cine. Ella lo ha conseguido con
pocos títulos pero de lujo, como “Astérix y Obélix”, junto a
Gérard Depardieu, la película más cara del cine francés en
su momento. Tras protagonizar “Gitano”, junto al bailarín
Joaquín Cortés, le llueven los proyectos. Con el soporte de
público y crítica, la ninfa que revoloteaba en ese bosque de
la normandía francesa está decidida a seguir triunfando por
los senderos del séptimo arte.