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CARACTERISTICAS DE LEONOR
WATLING

Se desnudó en cuerpo y alma para Bigas Luna en Son de mar.
Se postró en coma para Almodóvar en Hable con ella. Se
descubrió, entre medias, neurótica y payasa A mi madre le
gustan las mujeres. Ahora se repone de un drama pasional con
un nazi Deseo.
Su carnalidad, sus curvas, son impropias de tiempos
anoréxicos. Solo las cejas, muy depiladas, retocadas y
peinadas, son escuetas. El cutis blanco, pálido, sin
imperfecciones, tiene algo de pretérito, pero nada en ella
es enfermizo. Incluso postrada en la cama del hospital donde
yace uno de sus personajes , la Alicia de Hable con
ella, más parece una bella durmiente inaccesible, una
escultura delicada e impoluta, que una paciente en estado
vegetativo desde hace años. Su físico encaja igual de bien
en los 40 y 50 (La hora de los valientes, de Mercero, por la
que fue candidata al Goya; o Deseo, que acaba de rodar a las
órdenes de Gerardo Vera junto a Leonardo Sbaraglia), que en
los 90 (Raquel busca su sitio, la serie que la dio a conocer
al gran público).
Puede
ser voluptuosa y sutil; sensual y recatada; clásica y
moderna. Bigas Luna, el director que la convenció de que
llevaba una Silvana Mangano dentro, sacó una pequeña cámara
de vídeo digital para grabarla en mitad de la cena en que se
conocieron y ella se ruborizó. Opulencia y delicadeza;
exuberancia y timidez. Esa es la explosiva mezcla que posee
Leonor Watling, nombre fuerte, rotundo, como la personalidad
que se adivina detrás y en la que no permite que exploren
demasiado.
Una mujer que ilumina y enamora a cualquiera que se
atreva a detenerse y contemplarla, dotada de talentos y
bellezas, de las tangibles, y de aquellas tan
imperceptibles, que pocos posee y las hacen, unica, heterea,
carismatica y simplemente Leonor.
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