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En las Centurias no sólo encontramos en sus versos la historia de la Humanidad bajo el perfil de los acontecimientos históricos que han sucedido o que todavía han de suceder, sino que topamos a menudo con anticipaciones sobre descubrimientos a inventos absolutamente inimaginables en el tiempo en que fueron escritos aquellos versos y, desde luego, mucho más
difíciles de prever y de descubrir con la precisión con que lo hace el gran vidente. Lo cual confirma y ratifica, caso de que fuese necesaria esta confirrriación, el carácter de verdadero vidente que hemos de atribuir al mago de Salon, a quien algunos detractores negaron veraciáad y profecía entendida ésta en el más alto sentido de la palabra.
Algunos de los inventos y descubrimientos que él describió en sus profecías, a menudo bajo forma de auténticas adivinanzas y siempre con el acostumbrado estilo alegórico y hermético, hoy son perfectamente conocidos; otros, en cambio, pertenecen a un futuro más o menos próximo, y de ellos esperamos poder tener confrmación en los años venideros.
El cine mudo y el sonoro En la cuarteta décima de la Centuria I se dice: Serpientes transmitidas en la jaula de hierro,
Donde los siete hijos del Rey van presos,
Los ancianos y padres saldrán bajo de la fosa.
Antes de morir ven su fruto muerto y grita. Las «serpientes transmitidas en la jaula de hierro» son las películas cinematográficas, enrolladas como serpientes en sus bobinas de hierro y encerradas en proyectores metálicos para ser proyectadas. En estas películas han sido aprisionados los siete colores del arco iris (los siete hijos del Rey,
es decir, del sol), para formar las imágenes, ya en blanco y negro, ya en color. De esta manera nuestros lejanos antepasados y nuestros padres, reproducidos en la cinta cinematográfica, volverán a vivir para gozar y esparcimiento nuestro, aunque reducidos a imágenes de muy pequeñas proporciones. Antes de su muerte, los hermanos Lumière,
inventores del cine mudo, consiguieron ver cómo el producto de su invención (el fruto muerto) hablaba y gritaba, es decir, cómo se convertía en sonoro el cine mudo.
El aeroplano La voz oída del insólito pájaro
Sobre el canal del respirable plano:
Tan alto verá del trigo la medida,
Que el hombre del hombre será antropófago.
(CENTURIA II, CUARTETA LXXV) Se oirá la voz de un insólito y desconocido pájaro sobre el canal del respirable plano. Entonces la medida o precio del trigo será tan alta que el hombre se convertirá en antropófago del hombre.
He aquí nuéstra exégesis: cuando se oiga el característico zumbido del motor de los aviones (que el propio Nostradamus, en su carta a Enrique II, describe como un «huy huy» prolongado), comparado a desconocidos pájaros sobre los aleros de las casas, en la parte más respirable (o en lo más alto del aire), entonces los precios de todos los alimentos subirán hasta las estrellas y los víveres más
indispensables, como el pan, serán muy caros.
Telégrafo, teléfono, electricidad Cuando el animal al hombre doméstico,
Después de grandes penas y saltos venga a hablar,
El rayo a virgen será tan maléfico,
De tierra tomado y suspendido en el aire.
(CENTURIA III, CUARTETA XLIV) Cuando el animal venga a hablar al hombre doméstico, después de grandes penas y saltos, el rayo, tomado y suspendido en el aire, será muy maléfico a la virgen.
Es decir, cuando el hombre primitivo, selvático, pueda comunicar y hablar con su semejante civilizado desde las más remotas tierras, primero a través de grandes penas y saltos (o sea: mediante el empleo del telégrafo que transmitía rítmicamente líneas y puntos), y después también directamente mediante un micrófono, entonces el rayo, es decir, la corriente eléctrica (que dañará enormemente a la cera virgen
de la que se fabricaban las velas) se tomará del suelo con hilos conductores y se suspenderá en el aire mediante cables y aisladores que la llevarán a todos los ángulos de la tierra. Nos parece que el significado de las cuartetas es, también aquí, bastante claro y que no admite otras interpretaciones.
La «peste» de nuestro fin de siglo La guerra no toma ahora las características descritas al principio de este capítulo, sino otras completamente distintas, a pesar de que el color de los fogonazos no cambia de gama, materializándose en un arma nueva que en vez
de destruir espectacularmente destruye en silencio. Dice la cuarteta sesenta y cinco de la Centuria X: La vasta Roma se ha convertido en otra capital en el nuevo imperio, la gran potencia en el mundo occidental, los Estados Unidos. En nuestro siglo, la guerra no saldrá de sus muros, es decir, de sus armas bélicas, sino la sangre y el
semen. El virus fatídico se encuentra en la sangre, y la transmisión del virus se realiza por vía sanguínea directa. Las siglas de la enfermedad fatal son como muescas horribles o signos mortales, las cuatro letras del nuevo terror: S.I.D.A. La dolencia se extenderá a todo el mundo. Nadie se verá libre de la posibilidad de contagiarse ni de sus espantosas consecuencias, puesto que su vía de contagio es tan
elemental como la propia sangre que se halla expuesta a la enfermedad a cada momento. El «Hierro afilado metido a todos hasta el mango» no puede ser más explícito en este sentido, una frase que también es posible interpretar como una alusión al grupo social que primero se vio afectado por el nuevo morbo: los homosexuales. Las
palabras de esta cuarteta hablan claramente de la caída del Imperio. El semen, con sus portadores de vida, se hundirá en el vacío y la sangre que da la vida, será precisamente portadora de todo lo contrario: la sangre y la sustancia mismas serán pues las desencadenantes de la destrucción. Éstas son las armas del nuevo imperio, de la nueva Roma que ejerce su influencia por todas partes pero que camina
directamente hacia el desastre. En esta cuarteta Nostradamus sentencia nuestro mundo, herido ya de muerte.
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