| Desarrollo y control
de la natalidad en China Es
el país más poblado de la tierra. Por eso desde la década del 70 el gobierno implementó
una política de planificación familiar, en la que estimulaba el matrimonio y la
procreación tardíos. En los últimos treinta años el crecimiento demográfico se
ha controlado en cierto sentido, manteniendo un nivel de crecimiento de 100 millones
por cada siete años. Un proyecto con excelentes resultados que, entre otras cuestiones,
hoy lleva a China a ser la cuarta economía mundial. El problema de China
Es el país más poblado de la Tierra, con un 1.300 millones de habitantes.
La República Popular China se considera a sí misma una nación multiétnica, con
56 grupos reconocidos; el 91% es de etnia han. Es así como este país ha intentado
limitar su población, adoptando una política que circunscribe a las familias urbanas
a un sólo niño y a las rurales a dos cuando el primero es niña. Debido a que los
niños son considerados económicamente más útiles en las áreas rurales, existe
un alto índice de abortos femeninos en busca de asegurar que el segundo niño sea
varón. Esto da como resultado una proporción entre sexos de 119 niños nacidos
por 100 niñas, lo cual llevó a las autoridades a enfatizar la importancia de la
mujer, y ha llegado a prohibir la utilización de métodos médicos para predecir
el sexo del feto y penar severamente el aborto selectivo de niñas. Además, el
Estado emprendió recientemente reformas en su política de planificación familiar
suavizando el control de la natalidad e incentivando de forma económica a las
familias que tengan dos niñas. La evolución Esta política de
planificación familiar recibió tanto críticas como apoyo por parte de los organismos
internacionales. La ONU estima en alrededor de 200 millones la desviación demográfica
a la baja producida debido a esta política, lo que ha posibilitado el despegue
económico del país. Con un incremento de unos 10 millones de habitantes anuales,
se estima que en el 2043 tendrá unos 1.550 millones de pobladores, y que la población
se estancará en torno a esta cifra. Al poco tiempo de haberse fundado la
República Popular China, en 1949, se emprendían construcciones a un ritmo acelerado
en diversos sectores y se decía "más gente, más fuerza". Este lema se
hizo realidad sobre todo en las zonas rurales, y así fue como el país vivió su
primer auge demográfico. En la década del 60 del siglo XX, la población china
aumentó de forma brusca y en sólo cinco años pasó de 700 millones a 800 millones. Por
eso, en 1971, ante la presión del crecimiento demográfico, el gobierno empezó
a aplicar una política de planificación familiar y propuso estimular el matrimonio
y la procreación tardíos, aconsejando que haya un intervalo de cuatro años entre
los dos hijos de una pareja. Ello marcó el inicio de la política de control de
la natalidad. En 1980, cuando la población china llegó a 1.000 millones, el gobierno
estableció entonces la política de un hijo por pareja, haciéndose más rígida la
implementación de esta política. En los últimos treinta años, el crecimiento demográfico
se ha controlado en cierto sentido, manteniendo un nivel de crecimiento de 100
millones por cada siete años. Como el gobierno chino presta mucha atención
al problema de la población y el desarrollo, lo ha puesto en su agenda de trabajo
como parte importante del plan general para el desarrollo económico y social.
Es así como organiza y coordina a las dependencias correspondientes y agrupaciones
de masas para que cumplan conjuntamente el programa de población y planificación
familiar, vinculando la planificación familiar con el desarrollo económico, con
la eliminación de la pobreza, con la protección de la ecología, con la utilización
razonable de los recursos, con la popularización de la educación cultural, con
el desarrollo de servicios de salud, con el mejoramiento de la seguridad social,
con el elevamiento de la posición social de las mujeres, etc., a fin de solucionar
de forma definitiva los problemas de población y desarrollo. Luego de
30 años de esfuerzos, China logró manejar de forma integral el problema demográfico
y estableció de modo gradual sistemas de reajuste de la población y de administración
de la planificación familiar, los cuales concuerdan con las exigencias de una
economía de mercado, logrando así notables éxitos en materia de población y desarrollo.
Tanto los derechos a la supervivencia y al desarrollo como los derechos económicos,
sociales y culturales de los ciudadanos han mejorado mucho. China ha logrado
en un corto plazo una transformación histórica del modelo de reproducción demográfica
pasando de la situación de alta natalidad, baja mortalidad, alto crecimiento poblacional,
a ser de baja natalidad, baja mortalidad y bajo crecimiento demográfico. Como
consecuencia, la economía nacional registró un desarrollo acelerado, el poderío
integral de la nación aumentó mucho y el nivel de vida del pueblo mejoró considerablemente.
La política de planificación familiar ha reducido en más de 300 millones de personas
la población actual, lo que significa para el Estado y la sociedad un gran ahorro
de recursos en la crianza. En las zonas rurales de China, la población
pobre que aún vivía sin suficientes alimentos y ropa, disminuyó de más de 250
millones de personas a finales de la década del 70 a 34 millones a finales de
1999. El problema de alimentos y vestimenta para la población en pobreza en las
zonas rurales ha sido básicamente resuelto. Asimismo, se lograron notables
éxitos en la educación y la salud. Hasta finales del año 2000, se alcanzó la meta
de popularizar la educación obligatoria de 9 años y erradicar el analfabetismo
entre los jóvenes y adultos de mediana edad. Por otro lado, el acceso a servicios
primarios de salud está garantizado para todos. La posición social de las mujeres
ha registrado una notoria mejoría, los derechos de los niños están garantizados
y las condiciones de vida de los ancianos también han mejorado. El problema
poblacional es en esencia un problema de desarrollo, que podrá ser definitivamente
resuelto sólo cuando se logre el desarrollo integral en los aspectos económico,
social y cultural. Algo que China se ha encargado de llevar a la práctica, consiguiendo
favorables resultados que están a la vista, será la cuarta economía del mundo.
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