| Invertir en arte
Realizar
este tipo de inversión representa tanta solidez como hacerlo en inmobiliaria,
porque, principalmente, no representa mayores dificultades de conservación,
no paga impuestos per se, y es, por la facilidad del traslado, relativamente sencilla
su comercialización tanto en el ámbito nacional como internacional. A inmiscuirse
en un mundo donde la creatividad se cotiza alto. La importancia comercial
del arte Se puede asegurar que la inversión en arte es tan sólida como
la inmobiliaria: no representa mayores dificultades de conservación, no paga impuestos
per se, y es, por la facilidad del traslado, relativamente sencilla su comercialización
tanto en el ámbito nacional como internacional. Sin embargo, lo que ha
llamado la atención en el último tiempo es el énfasis que se le ha dado más en
quién representa a un artista que en este mismo o su obra. Surgen entonces listados
de artistas tal como acciones de la bolsa o tipos de bancos, según sus posibilidades
de alza en el mercado. Por lo que, comprar arte se convierte entonces en una mera
operación bursátil. Aun así, al margen de las cifras, todos los que están
en este ambiente viven el otro lado del comercio, que es simplemente el goce,
la contemplación, la magia que atrae la obra en sí misma, en fin, el arte como
acontecimiento. En definitiva, la obra de arte tiene la virtud de la permanencia,
se disfruta siempre que se lo desea y al mismo tiempo posee la ventaja de su eventual
actualización como bien mercadeable. Ya sea a corto, mediano o largo plazo,
invertir en arte es una de las mejores opciones para prevenir los inconvenientes
de una devaluación. Sin embargo, es importante saber qué comprar, no toda pintura
es una obra maestra. Entonces, además de la satisfacción y del gusto para
el intelecto, adquirir una obra de arte ha sido desde siempre una inversión segura
para, al menos, resguardar el valor del dinero. Porque desde tiempos remotos invertir
en este ámbito ha sido una opción confiable y bastante segura ya sea para reproducir
como para preservar el valor del dinero y prevenir una devaluación. Aunque hay
que tener muy en cuenta que en varias ocasiones los beneficios no se perciben
en el corto o mediano plazo, en especial si se opta por noveles artistas. Aires
de cambio Ha habido relevantes cambios en el mercado internacional del
arte. Luego de pasada la época en la que se hablaba de crisis, de descensos en
la oferta y en el volumen de ventas, los últimos meses han resurgido el aliento
de los inversores, las casas de subastas, los galeristas y los artistas. Es así
como el mercado del arte se encuentra en un excelente momento, además de prometer
un crecimiento que va a continuar en los años siguientes. Este incremento ha sido
confirmado por estadísticas obtenidas por la prestigiosa base de datos francesa
Artprice, cuyo índice global subió en el primer semestre de 2004 un 10%. Por
lo tanto, se puede asegurar que es un hecho que para el mercado del arte las condiciones
han mejorado mucho. Las ventas están creciendo otra vez después de cuatro años
de declive. Según la última edición de las estadísticas inglesas Art Sales Index
#36, publicadas en septiembre de 2004, los beneficios de las casas de subastas
a nivel mundial crecieron un 23,1% en la temporada 2003-2004, lo cual implica
una cifra total de ganancias de casi tres mil millones de euros. Aunque también
crece el precio medio de las obras vendidas, que representa una subida del 6,1%.
El fenómeno volvió a cobrar vida, después de que en 1989 los precios de
las obras de arte contemporáneo hayan llegado a su cima. Esto se ha visto impulsado
tanto por coleccionistas tradicionales como por una nueva clase de compradores
adinerados. Un número cada vez mayor de jóvenes multimillonarios y gerentes de
fondos de inversión de riesgo están dirigiendo su dinero hacia el mercado del
arte. Al proceso se suma el creciente interés de los potentados chinos en invertir
en arte. En sólo cinco años, las ventas de obras de arte en este país se han multiplicado
por diez: de 100 millones de dólares en 2000, a mil millones de dólares en lo
que va de 2005. Antes, coleccionar arte era asunto de unos pocos que apreciaban
y se apasionaban por este tema, y para quienes el factor inversión era secundario.
Ahora algunos inversores encargan obras a artistas a mitad de su carrera, y las
almacenan, impulsando así el alza de sus precios para luego venderlas. Tipos
de comprador La demanda es también la que aporta estos cambios en el
mundo del arte. Según expertos existen dos grandes grupos de consumidores de arte:
el comprador esporádico y el coleccionista. El comprador ocasional es quien ha
ascendido de pronto económicamente y quiere tener en posesión originales; logrando
así cubrir una necesidad puntual. En cambio, el coleccionista es un ávido consumidor
de arte, no puede parar de comprar, y ya siquiera le importa si tiene espacio
o no en sus paredes. Otra de las tendencias indica que ha variado en los
últimos años la edad promedio de los compradores. Según especialistas existe una
nueva generación consumidora de diseño que está empezando a incorporar el arte,
esto se debe a que hay una parte del arte contemporáneo que está de moda. En definitiva,
quien está interesado en arte es un comprador culturalmente inquieto. ¿Para
todos los bolsillos? Pero después de todo, cuánto cuesta en realidad comprar
un cuadro. Los galeristas intentan desmitificar esa tan enraizada de que comprar
pintura es reservado al mundo de los eruditos o los millonarios. Al referirse
a las posibilidades de adquirir un original se propone que la gente vaya y recorra
las galerías o ferias y, sobre todo, que no tenga temor de preguntar precios.
La franja de valores es gigante, por supuesto que hay obras que valen 200.000
dólares, pero también hay excelentes originales por 1.000 o incluso menos.
Es
en este marco donde entra en juego otro tema curioso, qué y cómo se mide el valor
de un cuadro. Supuestamente el valor de un cuadro está en sí mismo y sin embargo,
con el correr de los años, puede aumentar mucho. Con esto no se quiere decir que
haya una absoluta anarquía, hay reglas y circunstancias que ayudan a definir un
precio. Pero al fin el que pone el precio es el comprador, porque es él quien
decide si va a adquirir o no la obra por determinado monto. |