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"Estar al lado mío no es fácil"

El 6 de junio saldrá en todo el mundo su nuevo disco,
"Fijación oral 1", con una canción —o más— dedicadas a
su novio Antonio de la Rúa. Aquí la cantante colombiana
habla con orgullo de esa relación.
Y? ¿Sigue con Antonito? Nada de en qué anda, por qué
pasaron cuatro años desde su anterior disco y siete
desde el último que grabó en español, ni siquiera cómo
tiene el pelo: ¿trenzas negras, bucles rubios, melena
salvaje? Los resultados que arroja un sondeo casero son
concluyentes: la primera —y, a veces, única— pregunta
que genera la palabra Shakira en el 99 por ciento de los
consultados es ésa: ¿sigue el romance con Antonio de la
Rúa? La respuesta es sí. Así que si están dentro de esa
mayoría, ya tienen el dato que querían y bien puede
ahorrarse la lectura de estas trescientas y pico de
líneas. Si su curiosidad va más allá, adelante.
Hace rato que Shakira ("llena eres de gracia", en árabe)
Mebarak Ripoll no vive en Barranquilla, donde nació —la
menor de ocho hermanos— hace 28 años. Su cuartel central
está en Nassau, la capital de Bahamas: allá grabó
Fijación oral 1, su séptimo disco, que aparecerá el 6 de
junio. La isla del Caribe está a media hora de vuelo de
Miami, poderoso polo del mercado discográfico latino,
donde Shakira tiene otra mansión. Hasta el sudeste de
Estados Unidos, entonces, hay que viajar para
encontrarla. Y no es tan fácil: con cita y todo, habrá
que esperar tres horas antes de que se siente frente al
grabador. No es una actitud de estrella: por estos días,
está inmersa en el caos propio del lanzamiento mundial
de un disco. Que incluye reportajes para todo el
planeta, en todos los idiomas. Y ella responde: en
castellano, inglés, portugués.
El día de esta entrevista, hecha en unos estudios de
televisión, hay una conexión para salir en vivo en el
programa de Susana Giménez. El enjambre de asistentes
que la rodea zumba con más histeria que nunca; ella se
maquilla sola, controla todo y, nerviosa, mezcla frases
en inglés y español, el típico dialecto de Miami. "I
look like a witch", se queja mientras se peina, y
explica: "Debo estar linda porque mis suegros me estarán
viendo". Ya al aire, cuenta que en julio vendrá de
visita a la Argentina, aunque los shows quedarán para el
2006; que el disco es un bebé cuyo parto dio
"sufrimiento", pero que salió parecido a la mamá, "sano
y fuerte". Al final, todos los caminos conducen a
Antonio. "Me cuida y me protege mucho", dice, y también:
"Tenemos una unión muy profunda, somos amigos y
compañeros, y eso nos hizo sobrellevar cualquier
obstáculo". Cuenta que en Colombia le reprochan cierto
acento argentino, y recuerda el principio de la
historia: "Fue un amor a primera vista, desde que lo vi
dije ese puede ser el hombre de mi vida. Y estuve en lo
cierto".
Según la leyenda, en el 2000, durante su primera visita
a Buenos Aires, cruzaron miradas en un restaurante de
Puerto Madero. Después, él la fue a saludar a su camarín
en el Luna Park y salieron antes de su presentación en
el Campo de Polo. Idilio. Enseguida, las campanitas del
amor se convirtieron en barullo. Se dijo que él —hijo
del presidente, líder del grupo Sushi— había gastado
doce mil dólares en un viaje con ella; después del 20 de
diciembre del 2001, Tower Records lanzó un afiche con la
leyenda Antonito: nosotros también estamos muy
calientes. Por eso no vendemos música de Shakira y
fogosas imágenes de la pareja tomadas del video de
Debajo de tu ropa. El año pasado se habló de embarazo,
de boda secreta, y hasta de que se habían separado
porque ella lo había descubierto engañándola y/o porque
estaba cansada de mantenerlo. Hace poco le adjudicaron
un romance con Alejandro Sanz. Lo cierto es que, a cinco
años del flechazo, la historia continúa.
En un cuartito del canal suenan una y otra vez las
canciones de Fijación oral 1: las diez tienen un eco de
Antonito. Son todas de amor, desamor, pelea,
reconciliación. Una, Día de enero, está claramente
dedicada. Algunos versos de muestra: Y aunque hayas sido
un extranjero hasta en tu propio país, si yo te digo
cómo dices, tú aún dices qué decís/ Y lloras de emoción
oyendo un bandoneón. Otro: Voy a curarte el alma en
duelo, voy a dejarte como nuevo y todo va a pasar.
Shakira lo admitirá, pero negará que el disco entero sea
un diario íntimo de las idas y vueltas de la pareja. Y
contará que compuso Día de enero al llegar a su hotel
después de su concierto del 2003 en River: "Lo estaba
extrañando mucho y se la escribí. Después se la canté
por teléfono". Ese día había dudas sobre cómo sería
recibida, pero 50 mil personas fueron al Monumental para
aplaudirla.
En ese show dijiste: "Algunos han querido exiliarme". ¿A
quiénes te referías?
A los agresores. Pero la Argentina es una segunda patria
para mí, y la agresión de cierta gente no puede lograr
que ese sentimiento se destruya. Mi relación con la
Argentina es muy sana: tengo allí un público muy fiel y
mi amor por el país aplasta a todos los
malintencionados. Que, debo decir, no son muchos. Soy
una de esas artistas que no ha sido maltratada por la
prensa en ningún lugar.
Pero debe generarte más ansiedad ir a la Argentina que a
cualquier otro país.
Lo único diferente es que en la Argentina existe la
cultura del paparazzi. Hasta que llegué a la Argentina,
nunca me había fotografiado uno. Pero es parte de esto y
lo tomo con humor.
En el 2002 defendiste a Antonio y dijiste que su padre
era un gran ideólogo. A la distancia, ¿seguís
pensándolo?
Yo... Quise defenderlo porque el 99 por ciento de lo que
se decía de él no era acertado. Quería que quedara claro
lo que yo veía en él, Y lo sigo viendo después de cinco
años. Pero era imposible luchar contra una fuerza tan
gigante como la que se genera en un país convulsionado.
Además, Antonio no salía a hablar, porque no le gusta y
pensaba que no iba a cambiar nada. Hoy me doy cuenta de
que ese silencio vale oro, porque sólo una persona tan
fuerte como él pudo callar y soportar tanto. Por eso
digo que tiene los hombros más fuertes que conozco. Y me
ayuda a cargar todos los días el peso de mi carrera.
Estar al lado mío no es fácil: soy una mujer muy intensa
y a veces complicada.
¿El trabaja con vos? Se dijo que se habían peleado
porque te habías hartado de que fuera un mantenido.
Antonio se dedica a todos mis asuntos no artísticos: es
abogado y me ayuda con contratos, negocios, finanzas. Es
el CEO de mi empresa. Y tiene sus propios negocios, hoy
mismo se fue a Nueva York por proyectos pendientes. De
mantenido no tiene nada (risas). Nunca podría mantener a
un hombre: vi a mi padre trabajar las 24 horas para
sostener una familia de nueve personas. Tengo ese modelo
masculino en mí, y la persona que esté al lado mío tiene
que ser así: productiva, con iniciativa, que ayude a
pagar la luz, el agua, el teléfono (risas).
Todos los años amagan con casarse, pero nunca concretan.
Se dilata porque no hay tiempo para planear una boda,
que en mi caso sería más complicado que la producción de
un disco. Decimos "hagamos algo pequeño, sólo con tus
padres, los míos, tus hermanos, los míos". Después me
doy cuenta de que si no invito a los tíos, se van a
resentir, y si no invito a los primos, va a ser un
problema. ¿Y qué primos? ¿Los primos hermanos, primos
segundos, terceros o cuartos? No hay cama pa' tanta
gente, como dice la canción. Una de dos: o revienta una
iglesia en Barranquilla o en Buenos Aires. Siempre que
empezamos a hablar del tema y llegamos a la lista de
invitados, desistimos. Y decimos "el año que viene".
El disco parece compuesto al ritmo de tu relación con
él, como si ahí revelaras todo lo que no contaron a los
medios.
Son canciones muy personales, pero también hechas desde
la fantasía; qué es real quedará para la imaginación de
la gente. Siempre tratamos de cuidar nuestra intimidad,
pero no pudimos preverlo todo. En estos cincos años le
dimos a la prensa muchas oportunidades de inventar. Y
cuando las cámaras captan una situación, no hay forma de
contradecirlas. Hace poco nos agarraron peleando en la
calle. Yo, que soy bravísima, puse mi peor cara y me
tomaron la foto. Pero a los diez minutos estábamos a los
abrazos, y eso no lo captaron. Al final, nos reímos.
Pero no volverías a grabar un video con él.
No, su experiencia frente a las cámaras terminó. Fueron
locuras de juventud: estamos más viejos y aprendimos
muchas cosas.
Seguro: lleva más de la mitad de su vida en el negocio
de la música. A los 13 sacó su primer disco (Magia), a
los 15 el segundo (Peligro), y a los 18 tuvo el primer
éxito de ventas (Pies descalzos). Con ¿Dónde están los
ladrones? y su mezcla de lo árabe y lo latino, la
industria la ungió estrella. Estuvo con Juan Pablo II,
con Bill Clinton, ganó premios y discos de todos los
metales, fue nombrada embajadora de Unicef. Hasta la
elogió Gabriel García Márquez, quien hace cinco años
escribió: Es difícil ser lo que Shakira es hoy en su
carrera, no sólo por su genio y su juicio, sino por el
milagro de una madurez inconcebible a su edad. Cuesta
trabajo entender semejante poder de creación. Grabó un
MTV Unplugged, paso previo a conquistar el mercado
anglosajón, con Servicio de lavandería o Laundry service,
un disco casi íntegramente en inglés. Esta chica amable,
sensual pero menuda, de eternos tacos para estirar su
1,50, lleva vendidas más de 25 millones de placas. Y
llenó estadios en todo el mundo.
Cuando se llega a ese nivel de masividad, ¿cuánto
aumenta la presión ante el lanzamiento de un nuevo
disco?
La presión viene de las exigencias que me pongo a mí
misma: quiero dar lo mejor de mí y hacer un muy buen
disco, no decepcionar a nadie. Tengo la conciencia
tranquila: puse todo y más. Ahora es salir a la calle y
mostrárselo a la gente, ver cómo lo reciben.
El año pasado, cuando salió tu DVD, dijiste que temías
que ni se acordaran de tu nombre. Ahora, a tanto tiempo
del último disco, ¿te pasa algo parecido?
Hay ganas de salir otra vez a la carretera, de entrar en
contacto con los fans. La etapa del miedo ya pasó: se
siente cuando estás frente al papel en blanco y tienes
una pluma en la mano y no sabes por dónde empezar. Ahora
es adrenalina por ver qué va a pasar.
¿Tu compañía (Sony) te insistía con sacar un disco
cuanto antes?
Querían sacar un disco muy pronto, para darles
continuidad a los buenos resultados que habíamos
obtenido con Servicio de lavandería. Pero tenemos una
relación de casi 15 años y me conocen: saben que no hago
música como hamburguesas, que me tomo mi tiempo para
explorar todas las posibilidades. Las canciones tienen
necesidades, y me gusta darles lo que piden. Yo nada más
soy una obrera de la música, una servidora de mis
propias canciones.
fuente: clarin.com |