Trujillo es como una nave
medieval encallada en un lugar rocoso.
Su ubicación, sobre una roca
de granito enorme, nos deja comprender por qué fue,
de manera lógica, escogido en las épocas
prehistóricas y pre-romanánicas que incluso el
establecimiento de los romanos era primariamente por
su situación estratégica. Las sobras prehistóricas y
pre-románicas son la señal de una ocupación en la
parte más alta del pueblo.
Incluso
si el período visigodo dejó pocas referencias
importantes en la población, la llegada de los
árabes unos siglos después hizo en esta ciudad
prosperar y ampliar su disposición urbana y su
importancia militar y comercial.
El "Torgiela" árabe giró alrededor del Alcazaba o el
castillo, basado en la parte más alta de la ciudad,
y el chalet creció más allá de los límites de
pueblo. Quinientos años de ocupación musulmana no
paró los intentos de los reyes de Cristianos por
conquistarlo.
En enero de 232, como dice en la leyenda, con el
soporte de la Virgen de Victoria, santo patrón de
Trujillo, la ciudad pasó en las manos de tropas de
Christian.
Trujillo se puso históricamente importante algunos
años más tarde, gracias al Descubrimiento de América
y especialmente al descubridor de Perú, Francisco
Pizarro, nacido en Trujillo.
Trujillo se hizo, con el paso de los siglos, un
centro importante para otras poblaciones cercanas, y
llegó a la fama como un centro ganado vacuno
regional. En la actualidad, son una ciudad tibia y
acogedora, una de las más visitadas ciudades en
Extremadura y elegida por años para ser el sitio
celebrar el Día Reginal de Extremadura.