Basta con echar un vistazo a un periódico deportivo para constatar el trato tan diferente que reciben hombres y mujeres en ese terreno. Pero el flaco favor que se hace desde los medios para promover la igualdad en el deporte, lo contrarrestaron de forma brillante la 14 veces campeona del mundo de windsurf, Daida Ruano, y el capitán del CB Gran Canaria Sitapha Savané, en un simulacro de rueda de prensa con alumnos del IES Perez Galdos. Se expusieron a sus preguntas con cierto temor “porque con los niños nunca se sabe” pero convencidos de la importancia de contestarlas, porque “ellos son el futuro”.
Y cualquier temor inicial se disolvió rápido. El acto suponía la culminación de varios días de trabajo a propuesta de la ONG Plan Internacional y la Red de Mujeres Africanas y Españolas por un Mundo Mejor; en el aula, con sus profesores, sobre la igualdad de género en el deporte y la educación de las niñas en África. Y ese trabajo se notó en las acertadas preguntas que plantearon, a través de las cuales, los dos deportistas de élite fueron desgranando algunas de las claves no sólo sobre porqué las mujeres sólo aparecen en las dos últimas páginas de la prensa especializada “y mejor si es con poca ropa”, sino sobre cómo cambiarlo.
Si a priori la presencia de Ruano en un acto de estas características, pionera en un deporte copado por hombres, parece más obvia, la de Savané la explicó él mejor que nadie: “Es importante que los hombres participemos en la lucha por la igualdad”.
Una lucha que Ruano definió como una “experiencia de supervivencia brutal” en su caso. Desde que su hermana y ella se iniciaran en la práctica del windsurf, después de que un vecino les regalara una tabla que pensaba tirar a la basura, han transcurrido 14 años derribando una barrera tras otra. “Lo primero que me impactó fue la diferencia en los premios, para las mujeres se reservaba sólo el 10% de la cantidad total destinada a premios”. Ellas contribuyeron a cambiar eso, como tantas otras cosas, pero siguen recibiendo la mitad que un hombre. “A veces se nos infravalora por no llegar a hacer lo mismo que los hombres, las mismas maniobras exactamente, o alcanzar los mismos límites, pero es un error comparar estados físicos”.
“¿Y cómo se siente usted ante ese trato desigual?”, le preguntó una alumna de 4º de la ESO a Savané. “Mal, porque es la triste realidad”, contestó sin esconderse. “En las categorías inferiores vas creciendo junto a ellas, y sabes todo el esfuerzo y el trabajo que hay detrás de sus logros, sabes que entrenan igual que tú, pero después, en el deporte profesional, el reconocimiento es muy distinto”, argumentó. Por eso, dijo, valora cualquier iniciativa destinada a cambiar las tornas; y más si está dirigida a los jóvenes, ya que promover un cambio de mentalidad es -tanto para él como para Ruano- el primer paso hacia la verdadera igualdad.
Savané cree en la política. Lo confirmó cuando le preguntaron cuánto ha influido ésta en su educación. Por eso, cuando a Ruano la pusieron en la tesitura de pensar qué haría por la educación de las niñas en África si fuera ministra de deporte, él aceptó el traspaso de la pregunta. Desde luego, dijo, impulsar leyes que protegan los derechos de las mujeres. Pero para que se lleven a la práctica a veces es necesario antes ese cambio cultural: “Llegar a los pueblos, con planes de sensibilización, y explicarles a esos padres que sus hijas pueden aportarles mucho más que sólo casarse, que son igual o más valiosas que sus hijos”. Porque el matrimonio precoz es, todavía, el único destino de muchas niñas y uno de los principales motivos por los que abandonan los estudios en África; pero la buena noticia, dijo Savané, es que ya se ha avanzado mucho, y en el entorno urbano es cada vez más común encontrar mujeres que siguen sus estudios y se incorporan al mercado laboral en igualdad. “La clave es que vuestra generación cambie de mentalidad, y no le haga a sus hijas lo mismo que ha visto hacer con sus hermanas”. Sobre todo, añadió, porque el futuro del continente pasa, en gran medida, por sus manos. “Si le das 200 dólares a una mujer, pondrá un pequeño negocio para cuidar a sus hijos, un hombre, seguramente, se busque una segunda esposa”, les dijo a los alumnos, poniendo de ejemplo los microcréditos.
Se ha avanzado pero no hay que bajar la guardia, queda mucho por hacer en África y en Europa, y el deporte, coincidieron ambos, es una de las mejores herramientas para fomentar la igualdad. Está en manos de los padres, de los clubes y las federaciones el animar a las mujeres a practicarlo, “enseñarles que es salud, bienestar, fortaleza psicológica”, dijo la deportista. Pero también de los medios de comunicación, quizás, los que menos cumplen hasta la fecha. Según explicó Ruano, en respuesta a la pregunta del propio Savané sobre cómo le hace sentir que mujeres como la tenista Kournikova consigan fama mundial sólo por su aspecto físisco, “la industria de la comunicación tiene cambiar, vigilar cómo se expresa el periodista cuando habla de los méritos deportivos de una mujer; ellos dicen que es lo que vende, pero es un problema grave, para mi ha sido muy difícil, y más en un deporte minoritario que no mueve masas, es una lucha piscológica”, reconoció. Para el baloncestista, los periódicos no deberían pensar sólo en vender “sino en la responsabilidad que tienen”.
Lo cierto es que la dimensión de la batalla que han librado las hermanas Ruano quedó mejor plasmada en un sólo silencio que en todas las palabras que pudiera haber pronunciado. “¿Es verdad que las mujeres tienen que hacer más esfuerzo para ser conocidas?” le preguntaron. “Eso está claro, y tenemos que hacerlo, es triste pero es así” empezó a responder; pero enseguida se emocionó, se sumió en el silencio y miró a su compañero de mesa, que recogió el guante para él sí, poner las palabras adecuadas: “Se emociona porque seguramente con todo lo que ha luchado, todavía habrá quien la ningunee; ella ha ganado 14 títulos mundiales, yo he participado en un mundial con Senegal y perdimos todos los partidos, ha ganado mucho más que yo, pero seguramente recibo más atención de los medios” . Y es que, según les explicó Savané a los alumnos, él, de pequeño, a fuerza de acompañar a su madre, pionera del movimiento feminista en África, creía que valorar el papel de la mujer era lo normal. Pero al crecer, se topó con el machismo imperante. Y consciente de ello, no perdió la oportunidad de reconocerle el mérito a Ruano: “Imagino que te has chocado constantemente con un techo de cristal, pero mujeres como tú son las que acaban rompiéndolo, a fuerza de tirar todas las piedras que tú le has tirado, y ojalá, cuando yo tenga una hija ese techo no exista”.
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