Hay momentos privilegiados en los que comprendes lo bien que puedes llegar a sentirte navegando, el cuarto de hora de plenitud absoluta deslizándote entre el mar y el cielo que compensa todos los sufrimientos... y fue durante uno de estos momentos, en mitad del Pacífico, cuando la idea de atravesar el Indico para cerrar el círculo se me apareció como una evidencia... Aunque lo cierto es que esos momentos son escasos.