Dieta Yoguica, descubre todo sobre la
alimentacion que implementa el yoga, los beneficios de los alimentos
vegetarianos, y los nuevos descubrimientos que avalan estas teorias,
todo sobre la Dieta Yoguica.
DIETA ADECUADA
En
la práctica del Yoga resulta de extremada importancia la
cuestión de la alimentación. Como sistema holístico, uno
de los puntos de apoyo fundamentales resulta ser la
dieta adecuada.
La dieta yóguica es una dieta vegetariana donde se
incluyen verduras, cereales, frutas, legumbres,
hortalizas, etc, con el agregado de productos lácteos y
sus derivados y miel de abeja. Se excluyen
terminantemente todo tipo de carnes (vaca, pollo,
pescados y mariscos, etc.) y huevo.
La Organización Mundial de la Salud y otros organismos,
así como numerosos investigadores, comenzaron a dar la
voz de alarma: las toxinas que se ingieren con los
alimentos constituyen un peligro mortal. Paradójicamente
la principal fuente de toxinas es la que se consideraba
reina de los alimentos, la de mayor calidad y valor
nutritivo: la carne. Se ha revelado altamente peligrosa,
desde el punto de vista dietético, tanto por razones
intrínsecas como ecológicas.
En primer lugar, la grasa de la carne (incluso la más
magra contiene como mínimo alrededor de un 30% de grasa)
provoca la aparición de “prolactin” en la sangre de
quien la ingiere. Se trata de una hormona que estimula
la producción de tumores, según han demostrado las
investigaciones y confirman las estadísticas. En los
países con elevado consumo de carne (Inglaterra,
Australia, Estados Unidos y Canadá) se observa un número
alarmante de tumores en los senos y los intestinos.
Mientras, en los países con escaso consumo cárnico
registran un porcentaje mínimo de dichos tumores. El
desequilibrio metabólico y la letal acumulación de
colesterol, ácido úrico y otras sustancias nocivas en el
organismo es otra secuela del consumo de carne. La
obesidad, que produce cuatro veces más muertes que el
cáncer, es prácticamente desconocida entre los
vegetarianos.
Por si esto fuera poco, la carne es además la máxima
portadora de contaminación a nivel alimenticio. La razón
es bien sencilla: hay una serie de sustancias tóxicas
derivadas de la contaminación ambiental (insecticidas y
metales pesados) que el organismo no elimina o elimina
sólo parcialmente. Así, aunque la contaminación del agua
y los vegetales sea escasa, una vaca va acumulando en su
organismo los pesticidas y metales pesados que ingiere
con el forraje y el agua a lo largo de su vida,
funcionando como un auténtico condensador de
contaminación. De ahí que el porcentaje de toxinas
ambientales (además de las intrínsecas) que hay en la
carne sea muy superior al de los vegetales, a menudo
nulo o ínfimo.
Otro ejemplo: en muchos peces hay trazas de mercurio y
otros metales pesados. El mercurio no se elimina. Todo
el que se ingiere queda fijado en el organismo, por lo
que cada vez que el “pez grande se come al chico” todo
el mercurio del segundo pasa al organismo del primero y
ahí se queda. De ese modo, los grandes depredadores que
se hallan al final de una larga cadena de peces que se
comen unos a otros llegan a acumular cantidades
realmente peligrosas (unos 70 mg. de mercurio son
suficientes para matar a un ser humano). Tanto es así
que en Estado Unidos se ha prohibido la venta de
emperador o pez espada por su elevado contenido en
mercurio.
Para colmo, la producción de carne comestible es un
negocio ruinoso. No lo es, por supuesto, para quienes
comercian con el hambre y la ignorancia, pero sí para la
humanidad. Para producir un kilo de carne, un novillo
come 16 kg. de grano y soja (casi tan rica en proteínas
como cualquier carne). ¿A dónde van los otros 15? Los
que el animal no convierte en pelo o energía para
retozar, van a parar al estiércol. Dicho sin rodeos,
mientras dos tercios de la humanidad pasan hambre, la
industria ganadera se dedica intensamente a convertir
comida en caca. El ganado estadounidense ingiere cada
año una cantidad de proteínas seis veces mayor que la
que sería necesaria para alimentar a toda la humanidad.
Por
estas razones, un número cada vez mayor de personas
vuelve los ojos hacia los alimentos vegetales:
1. Son intrínsecamente mucho más sanos y adecuados para
la alimentación humana
2. Ocupan los primeros eslabones de la cadena
alimenticia y son los menos contaminados
3. Suponen un aprovechamiento infinitamente mejor de los
amenazados recursos de nuestro planeta
4. Al contrario que el bárbaro “carnívororismo”,
permiten una relación no cruenta del hombre con la
naturaleza.
Sin embargo, muchas personas que en principio simpatizan
con los vegetarianos piensan que la carne y el pescado
son ricos en proteínas y los vegetales no ¿Cómo obtener
las necesarias proteínas sin acudir a las fuentes
principales?
La carne no sólo tiene los graves inconvenientes que
acabamos de ver sino que además ni siquiera es un
alimento especialmente adecuado y mucho menos
fundamental para la obtención de proteínas.
Los granos integrales, las legumbres, los frutos secos,
etc., por no hablar de la leche y los derivados lácteos,
son excelentes fuentes de proteínas no intoxicantes,
sobre todo si se utilizan en las combinaciones
adecuadas.
Aunque la alimentación no es lo más importante para el
equilibrio del hombre, es un primer paso. Hay que
aprender a hacerlo correctamente y no volver a pensar
más en ello. Hemos considerado la elección de nuestra
alimentación adecuada como uno de los factores - junto
con el sol, respiración, ejercicio, relajación, agua,
etc.- que mantienen una buena salud.
Hay quien ante estos planteamientos piensa que resulta
más cómodo comer de todo y no complicarse la vida. En el
futuro, su precario estado de salud le indicará el error
de la elección por una ficticia comodidad que nos ha -y
nos hemos- creado el sistema. Sacrificamos más de la
mitad de nuestro potencial humano, que no llegamos a
utilizar en toda nuestra vida. Debemos replantearnos la
alimentación que la sociedad actual nos induce a seguir,
por los mismos motivos que lo hacemos en otras facetas
de nuestra existencia.
La elección de la dieta personal no debería suponer
ningún problema, como no se lo supone a los animales.
Deberíamos saber qué comer y no comer, sin que para ello
utilicemos nuestra razón. La realidad es bien distinta.
Nuestro instinto está atrofiado, no sabemos elegir
debidamente los alimentos más convenientes. Es oportuno,
entonces, que el hombre busque cuál debe ser la
alimentación de acuerdo a su especie, gracias a un
proceso reflexivo, ya que no instintivo (no nos
engañemos a nosotros mismos). La alimentación actual
depende más de la rutina, costumbres, la moda, nuestras
apetencias y caprichos, etc., y en general, de diversos
intereses ajenos a nuestra salud, que de un estudio de
las necesidades reales del hombre y de la mejor forma de
satisfacerlas.
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