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Etimológicamente
Yoga significa unión, ya que la meta del Yoga es la
unión de la conciencia con el principio Absoluto.
El yoga es una ciencia empírica que purifica nuestro
cuerpo y nuestra mente, liberándonos de todas las
perturbaciones, una ciencia en donde ciertas personas
han tratado de sondear los misterios de la mente, del
intelecto, de las emociones, del sufrimiento y de la
vida.
Yoga ha nacido no de la especulación, sino de miles de
años de experiencias que han sido replicadas por muchos
yoguis a lo largo de la historia.
Yoga posee sus propios métodos y fundamentos que hacen
que sea un amplio y completo sistema de desarrollo
interior.
Trabaja el cuerpo físico, las glándulas endocrinas, los
órganos internos a la vez que busca conectar la mente
inconsciente con la consciente y nos permite observar
nuestros patrones mentales. La finalidad de esta
disciplina es ayudarnos a mantenernos sanos, encontrar
la felicidad tanto a nivel físico como a nivel mental y
espiritual y que nos podamos sentir realizados.
Cualquier persona puede aproximarse al Yoga, ya que
posee un tipo especial de técnica para cada tipo de
personalidad y temperamento.
El yoga puede llegar a despertar en nosotros luminosos
sentimientos y felicidad, los cuales fortalecen nuestras
relaciones con nuestra esposa, los niños, padres,
vecinos y compañeros de trabajo.
Así como el viento aleja las nubes que tapan el sol, el
yoga remueve gradualmente los dolores físicos y
emociones indeseables, pues, al revelar el conocimiento
interior, incrementa nuestro aprecio por la vida.
El yoga nos enseña a controlar nuestros sentidos y
nuestra mente impaciente, y a ponernos en armonía con
las Leyes Universales, dirigiendo así nuestras energías
de la mejor manera.
Tal como un instrumento musical emite sonidos muy
agradables al ser tocado por un profesional, nuestro
cuerpo, mente e inteligencia, dirigidos perfectamente,
nos traen mucha felicidad, en vez de ansiedades,
frustración y depresión.
La disciplina yógica nos enseña también a ver a los
demás (amigos o enemigos) con los ojos del amor.

Una persona que practica yoga seriamente, se llama
yogui. El yogui se ocupa diariamente del desarrollo
práctico de la ciencia del yoga, y aprende los
diferentes ejercicios y técnicas, tanto del yoga como de
la meditación.
Una clase de yoga es una
sucesión de ejercicios. Para realizar uno, adoptamos una
postura. A veces a esta postura le incorporamos
movimiento. Regulamos la respiración y ponemos la
atención de los ojos en un punto determinado. Y entramos
en un estado meditativo, de introspección. A veces
incluso repetimos un mantra o hacemos un gesto con las
manos. ¡Con tantas cosas que hay que controlar cómo no
va a parar nuestra mente! Después de un ejercicio hay
una corta relajación y seguidamente se pasa al
siguiente.
El yoga beneficia a todo ser humano, no importa sea niño
o persona mayor. Hombre o mujer. No importan las
creencias personales.
Con el yoga estiramos nuestro cuerpo y, cuando más tenso
y rígido está uno, es cuando más conviene. Rejuvenece
nuestras células al aportarnos más oxigeno. También
rejuvenece nuestro cerebro haciendo que su rendimiento
sea más alto. Reduce el estrés al mantener los niveles
de cortisol a raya. Nos calma y nos serena,
permitiéndonos descansar. Nos da energía y vitalidad. Y
nos acerca a nuestro ser interno, descubriendo quienes
somos, qué queremos y dónde están nuestas limitaciones.
Además, ¡segregamos endorfinas! que nos dan una gran
sensación de bienestar. Pero de poco sirve hablar de los
beneficios del yoga. A la consciencia no le sirven las
palabras, quiere una experiencia. Descubre por ti mismo
qué se siente al practicar yoga.
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